| |
|
Nota del autor
Este libro nace de dos solicitudes coincidentes: una escribir un
ensayo para La Centena y otra pronunciar una charla sobre filosofía
en Extremadura a los alumnos del Instituto de Guareña. Dos
amigos benévolos me instaron a vaciar el cajetín de
mis apuntamientos sobre extremeños heterodoxos, intempestivos
y malfamados. Pero lo malo es que el tiempo y la perseverancia han
acrecentado esta colección de notas que hoy constituye un
montón nada despreciable de papeletas de lectura. ¿Cómo
entonces seleccionar entre tantas resmas de materia curiosa y peregrina,
la veintena de folios que vienen a formar - unos con otros- el cuerpo
de esos graciosos cuadernillos de «bibliofilia popular»
que componen La Centena? Similar dilema se me planteó con
la conferencia. ¿Podía hablar yo de asunto semejante
a unos bachilleres, sin aumentar en demasía el habitual taedium
discentis que les aqueja?.
Primero pensé componer una galería selecta de pensadores
heterodoxos, empezando por Arias Montano -en su faceta de sospechoso
de herejía y criptojudaísmo- y terminando por los
krausistas Urbano González Serrano, Tomás Romero de
Castilla, el teósofo Roso de Luna o el cismático cura
Mora. Todos estos extremeños figuran, si mal no recuerdo,
en esa monumental «caza de brujas» que es la Historia
de los heterodoxos españoles, de don Marcelino Menéndez
Pelayo. Sin embargo, desde que el polígrafo montañés
celebrara aquel postrer «autillo de fe» y enviara a
todos ellos a la hoguera, mucho ha llovido sobre las cenizas. Los
más de ellos son hoy honra común y patrimonio extremeño,
cuyo legado acrecientan y custodian celosamente otros tantos eruditos
de la región. Me lo pensé mejor. Puestos a escoger
-me dije- espiguemos allá donde crece el olvido.
Y miren por donde encontré a tres filósofos -o cuasi
filósofos- extremeños, terreno virgen al cual podemos
acercamos sin estorbar a los investigadores consagrados. Poco tienen
en común estos tres filósofos como no sea el estigma
del olvido, o la común procedencia de su hallazgo..., quiero
decir, que a los tres los encontré en el mismo cajón:
en ese revuelto cajón de sastre que es la Novela, según
la célebre y afortunada definición de Pío Baroja.
Hora va siendo ya, pues, de que los presente; llámanse José
Álvarez Guerra, José Segundo Flórez y Ventura
de los Reyes Prósper*.
* El primero de éstos se proyecta en la ficción poética
de los apócrifos machadianos, el segundo sirve de modelo
a un personaje de Baroja, y el tercero a otro del novelista Félix
Urabayen.
|