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EXTREMADURA EN SUS PÁGINAS.
DEL PAPEL A LA WEB
Extremadura,
territorio de fronteras, ha sido durante largos periodos de su historia
una tierra asolada por las guerras. Pero ha sido también,
por ello mismo, espacio asendereado por gentes muy diversas, y de
entre ellas algunos, muchos más de los que quizá pudiéramos
imaginar, sujetos de cultura y formación notables, o personas
inquietas, ávidas de saber y libertad de pensamiento, dispuestas
siempre a no dejarse arrebatar, por nada ni por nadie, el secreto
gozo de la lectura o el placer inefable de la posesión del
libro.
Libros prohibidos por la Inquisición, o sencillamente susceptibles
de despertar sospechas, de provocar registros, humillaciones y un
sinfín de enojosas molestias.
Libros desconocidos que estaban ahí mismo, ocultos en la
oquedad de una almacería en el pueblo de Barcarrota, desde
una lejana fecha del siglo XVI. Libros perseguidos, incautados a
trajinantes que contrabandeaban en la frontera durante los años
en que España intentó blindarse frente a las hogueras
de la Revolución Francesa.
Pero también libros o modestos opúsculos de aquellos
apóstoles de la modernidad que hoy apenas recordamos: médicos,
agrónomos, profesores o ingenieros, que empeñaron
su crédito, y con frecuencia también su modesto peculio,
en la defensa impresa de teorías científicas, proyectos
tecnológicos, reformas sociales o visones del mundo que habrían
de chocar una y otra vez, contra la intolerancia religiosa, el inmovilismo
caciquil o la simple indiferencia de unos pueblos depauperados por
la ignorancia y el hambre. Siglos de esplendor y miseria que dejaron
su huella impresa en infinitos libros. Libros de extremeños,
de residentes o viajeros por Extremadura, libros de Extremadura
o sobre Extremadura...
Libros que fueron grandes hitos o modestos y expresivos vestigios
de nuestra historia, y que por ello merecen ser conocidos. Ya se
sabe: conocer de dónde venimos para entender quiénes
somos y a dónde vamos. Conocidos y mostrados, eso sí,
dentro del contexto histórico en que se editaron y se difundieron,
en el ambiente social y en el entramado humano en que se gestaron,
sobre el tapiz de la ilusiones, deseos y necesidades en que se fue
tejiendo la pequeña historia de cada uno de ellos.
Por todo lo cual, el reto de esta exposición ha sido doble:
de un lado, seleccionar unas decenas de libros capaces de evocar
la historia de Extremadura; del otro, recrear de forma viva, eficaz
y comprensible el contexto social, cultural y psicológico
en que se escribieron sus páginas. Páginas que se
asoman a Extremadura y Extremadura asomándose a esas páginas:
Extremadura en sus páginas. Desde las más antiguas
(trazos en la piedra, pergaminos miniados) hasta las más
modernas (páginas web, materiales interactivos, diseños
informáticos).
Esta exposición trata de mostrar cómo Extremadura
amó sus libros y el modo en que sus libros amaron, cantaron
y soñaron Extremadura. Una región de bibliófilos,
de hombres que se jugaron la vida por sus libros (desde el propietario
de la Biblioteca de Barcarrota hasta el inefable Bartolomé
J. Gallardo, intentando en vano sustraerlo a la furia absolutista
en los muelles de Triana durante la infausta jornada de San Antonio
de 1823) ha de ser por fuerza una región con memoria. Hacer
memoria de su ser, yo sobre todo de su circunstancia, a través
del libro, ha sido la meta. Pero eso sí, una memoria proyectiva
y prospectiva. Porque amar los viejos libros, conocer la historia
de su arte y empeño, es la mejor escuela para aquellos que
desde Extremadura se afanan por diseñar el scriptorium
digital del futuro.
Francisco
Muñoz Ramírez
CONSEJERO DE CULTURA
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