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José
Álvarez Guerra y Abel Martín
[De
José Álvarez Guerra, el bisabuelo de Antonio Machado.
TRES FILÓSOFOS EN EL CAJÓN,
Fernando Tomás Pérez]
José…
permaneció ignorado en los pliegues de la intrahistoria
hasta que el hispanista Oreste Macrí puso a los críticos
españoles tras la pista del parentesco espiritual y biológico
que le unía al poeta Antonio Machado (1).
La biografía de José Álvarez Guerra está
intensamente entretejida con el agitado curso histórico
del S. XIX español: fue voluntario en la guerra de la Independencia,
partidario de la Constitución y de las Cortes de Cádiz,
Jefe Político durante el llamado Trienio Liberal y exiliado
en Francia, de donde regresó convertido en filósofo
visionario y heterodoxo.
…
Estando ya en España tuvo ocasión de rehacer su
carrera política a la sombra de su hermano Juan, ministro
a la sazón del gabinete del Conde de Toreno. Sin embargo,
no quiso tal cosa, y así, según confesión
propia, renuncia al gobierno de una provincia para dedicarse por
entero a la filosofía. Era ya un cincuentón y, consciente
quizá de que no son estas edades propias para nuevas vocaciones,
explica la suya como designio revelado por los avatares de la
vida: sólo a través de la armonía filosófica
puede alcanzarse esa felicidad espiritual que no se halla en el
camino de la acción política.
...
La personalidad de este filósofo extremeño permaneció
sumida en el olvido hasta que (el hispanista) Oreste Macrí
llamó la atención sobre su importancia genealógica.
En efecto, tanto Macrí como José María Valverde
coinciden en afirmar que entre Álvarez Guerra y su ilustre
biznieto hay algo más que un anecdótico parentesco.
Valverde, por ejemplo,dice:
«La
tradición cultural y social de que A. Machado se
hizo cargo en su obra, para dejarla atrás - una tradición
de liberalismo decimonónico- fue para él una
educación heredada, ante todo, a través de
su propia atmósfera familiar, incluso con venerables
rostros de antecesores ya entregados a la vida intelectual.
En efecto, ya uno de los bisabuelos paternos de A. Machado
ocupó un casi ignorado, pero originalísimo
lugar, en las luchas renovadoras del espíritu romántico»
(2)
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El modo en que Machado se hizo cargo y liquidó esta herencia,
consistió en ir despojándose de aquellos caracteres
decimonónicos para atribuírselos a sus personajes
de ficción. En efecto, el filósofo apócrifo
Abel Martín es un alter ego -por no decir un heterónimo-
que resulta de conjugar el pasado heredado y el futuro entrevisto
y renunciado. Porque, efectivamente, una parte de Abel Martín
tiene su origen en una renuncia del propio Machado. Es, como ha
señalado Valverde, «una liquidación de una
parte de sí mismo, de un 'futurible' suyo: el filósofo
que pudo ser y no fue»(3).
Pero, así mismo, hay en Abel Martín otro aliento
que viene de lejos, de esa tradición romántica,
idealista y jacobina que arranca de Álvarez Guerra y que
Machado evocará en los conocidos versos de su autorretrato:
«hay en mis venas gotas / de sangre jacobina.. .»
Valverde que dedica todo un capítulo a estudiar estas presuntas
influencias, las resume diciendo:
«Probablemente,
el mayor estímulo dado a Antonio Machado por este
bisabuelo suyo, para la creación de Abel Martín,
no fue tanto algún concepto, como quizá el
del Amor en sentido cósmico, cuanto el 'genio y figura'
del hombre que, en un aislado rincón ibérico,
se sacó de la manga toda una Weltanschauung, a modo
de paralelo, aunque ingenuo, testimonio de ese sentir romántico
que, en la tierra donde la filosofía tenía
entonces su voz cantante, había producido los sistemas
de Fichte, Schelling y Hegel» (4). |
Parecida opinión expresaba recientemente Oreste Macrí
al escribir que el pensamiento de Álvarez Guerra «se
trataba de un sistema extemporáneo de 'krausi-espiritismo'
ante literam que, con seguridad, el bisnieto –no menos heterodoxo,
extravagante y autodidacta- debió tener presente al concebir
el apócrifo martiniano (5).
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