MANUEL
GODOY Y SU TIEMPO
PRESENTACIÓN
Casi
medio centenar de reconocidos especialistas en la historia de
los siglos XVIII y XIX de varios países europeos acudieron
al llamamiento de la Consejería de Cultura de la Junta
de Extremadura, la Universidad de Extremadura y la Diputación
de Badajoz para celebrar un Congreso dedicado a estudiar la persona,
la actuación política y el tiempo de Manuel Godoy.
Del 3 al 6 de octubre de 2001 se debatió ampliamente sobre
tales extremos en Badajoz, en Castuera y en Olivenza, municipios,
los dos últimos, donde sus respectivos Ayuntamientos prestaron
la máxima atención a los congresistas. Los textos
presentados en tal ocasión dieron lugar al libro que la
Editora Regional de Extremadura puso a disposición de los
lectores en el 2003.
Un Congreso dedicado a Godoy debía
tener lugar, necesariamente, en Extremadura. En Badajoz nació
en mayo de 1767 este controvertido político y allí
sentó su cuartel general en 1801 cuando, en calidad de
generalísimo del Ejército español, dirigió
una acción militar (la única en la que intervino
quien había seguido la carrera castrense y obtenido, en
ella los más altos grados y condecoraciones) saldada con
la incorporación a España de las tierras de Olivenza.
Sus antecesores inmediatos vivieron y ocuparon cargos concejiles
en Castuera; en tierras extremeñas adquirió -durante
su tiempo de esplendor- buena parte de su patrimonio agropecuario;
extremeños ilustres (Juan Pablo Forner, Meléndez
Valdés, González de Sepúlveda y muchos otros
menos conocidos) fueron colaboradores suyos muy próximos,
y en no escasas ocasiones el propio Godoy expresó ante
los reyes su deseo de abandonar los asuntos de Estado y retirarse
a "la tierra en la que ví la primera luz", como
escribió en 1805 a la reina. La relación material
y sentimental de Godoy con Extremadura fue, por tanto, permanente,
de ahí que se hayan elegido tres de sus localidades, tal
vez las que tienen una relación directa más acusada
con esta figura clave de la Monarquía de Carlos IV, para
efectuar una reflexión crítica sobre él.
El Congreso se articuló
en cuatro grandes secciones, a partir de las cuales se fueron
cubriendo algunas de las múltiples facetas que ofrecía
una trayectoria tan colmada de matices como la desplegada por
Godoy. La primera sesión, celebrada en Castuera, se dedicó
a Godoy y Extremadura, y el peso de ella recayó principalmente
sobre profesores extremeños. En la segunda sesión,
el Congreso desplazó su sede a Olivenza; allí se
desarrollaron las ponencias y el debate correspondientes a El
Gobierno de la monarquía. Política interior e internacional,
y se dieron cita investigadores portugueses, italianos, franceses
y polacos. Las dos últimas sesiones tuvieron lugar en Badajoz.
En la primera de ellas, Godoy y la Ilustración, tuvimos
ocasión de descubrir aspectos del personaje silenciados
años atrás por una historiografía empeñada
en una crítica feroz, y participamos a continuación
de las quimeras de un ilustrado al que desbordaron los acontecimientos.
Por último, con la sesión dedicada a Manuel Godoy,
se completaron los claroscuros del plenipotenciario servidor de
Carlos IV y uno de sus descendientes, Enrique Rúspoli,
pronunció la conferencia de clausura.
La fecha elegida para la celebración
del Congreso tenía un significado evidente. Ciento cincuenta
años antes, un 4 de octubre de 1851, murió Godoy
en París, en una casa alquilada en el número 20
de la calle De la Michodiere. Por aquel entonces, había
recuperado los honores y títulos de que le privó
en 1808 Fernando VII, su más encarnizado enemigo político
y personal. En esas fechas, Godoy ya no era persona proscrita
por las leyes españolas y si no regresó a su patria,
fue porque su rehabilitación le llegó demasiado
tarde, cuando su salud, quebrantada por la edad, no aconsejaba
los avatares de un viaje largo y penoso.
Las graves acusaciones como persona y como político lanzadas
contra Godoy por sus enemigos, sobre todo los del interior de
España, no pudieron verse corroboradas en los tribunales
de justicia, pues la causa abierta por Fernando VII en 1808 nunca
llegó a sustanciarse. Sin embargo, la campaña contra
Godoy desarrollada fundamentalmente durante 1808 alcanzó
su fruto y caló entre los españoles. En la difícil
coyuntura de la Guerra de la Independencia, Manuel Godoy quedó
como el villano que, movido por ambiciones personales, causó
la ruina de la Monarquía española y traicionó
a su patria facilitando la invasión del ejército
de Napoleón. Nada de cuanto hizo como gobernante quedó
a salvo de la más acerba crítica. En sus Memorias
(1836) intentó el interesado dar razón de su ejercicio
del poder, pero el esfuerzo resultó vano. Ensayistas, memorialistas,
historiadores y periodistas del siglo XIX y, en buena parte, la
historiografía del último siglo han continuado difundiendo
esa imagen negativa de Godoy, cuya revisión es, sin duda,
empresa de difícil acometida. No obstante, desde hace un
tiempo y, sobre todo, a partir de los estudios dedicados a Godoy
por el profesor y académico Carlos Seco Serrano, los historiadores
más rigurosos vienen exigiendo una reflexión sosegada
y a fondo sobre su persona y su actuación política.
Tal ha sido el objetivo del Congreso cuyas conclusiones se publicaron
en 2003.
La convocatoria de dicha reunión
científica partió de algunos supuestos que tal vez
no sea ocioso mencionar. Contra lo que ha venido siendo opinión
aceptada, el reinado de Carlos IV (1788-1808), época en
que Godoy desarrolla su actuación política, fue
un periodo de esplendor (algunos afirman que de máximo
desarrollo) de la Ilustración española y del esfuerzo
de modernización del país. La Ilustración
y, en consecuencia, la valoración de la razón frente
a la superstición religiosa y la ignorancia, no terminó
con Carlos III, sino que prosiguió con más impulso
durante el reinado de su sucesor. El acusado protagonismo de Godoy
en esta época conduce, por tanto, a valorar su obra de
una manera muy diferente a como ha venido siendo habitual.
A medida que se ha desarrollado
la historiografía española, se pone en duda buena
parte de la herencia recibida y, en concreto, se está ofreciendo
una nueva visión de la obra de gobierno de Godoy, manifestando
el impulso dado por él al reformismo agrario, a la racionalización
de la administración y a la educación y la ciencia.
Los recientes estudios sobre la política exterior española
de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX descartan la atribuida
responsabilidad de Godoy en la invasión francesa de España,
hecho que dio inicio a la Guerra de la Independencia. Ningún
historiador serio mantiene en la actualidad la responsabilidad
exclusiva de Godoy en este acontecimiento. Existe, asimismo, una
coincidencia generalizada en poner de relieve la inteligencia
y capacidad política de Godoy, rechazando buena parte de
la leyenda negra que ha cubierto su figura, sobre todo en lo relativo
a su escasa capacidad para dirigir la política española
y a los orígenes de su espectacular ascensión y
del omnímodo poder alcanzado.
Los supuestos reseñados
coinciden con la percepción que la opinión pública
culta tiene, en la actualidad, sobre Godoy. Al igual que los historiadores,
el ciudadano interesado por la Historia desconfía de la
imagen que se ha venido ofreciendo sobre él, pero la falta
de información, derivada en buena parte de la desatención
historiográfica, ha seguido condicionando toda interpretación.
Por otra parte, parece incuestionable que en la actualidad existe
en Extremadura una corriente de opinión que desea que desde
las instancias oportunas se clarifique el significado de su figura
y su obra, porque nuestra sociedad no se puede permitir el lujo
de prescindir de un importante componente de su memoria histórica
ni tolerar una interpretación sesgada de la misma. Tanto
los responsables de la organización del Congreso, como
los representantes de las instituciones participantes, estábamos
convencidos de que la mejor manera de transmitir a la sociedad
una imagen de Manuel Godoy, ajustada a los términos históricos
en que aquella se desarrolló, pasaba por poner de manifiesto
su trayectoria personal y política, sin complejos de ninguna
clase y con la solidez que proporciona actuar con criterios de
orden estrictamente científico. A partir de ahora, la comunidad
científica y la sociedad tendrán a su alcance una
visión del extremeño más poderoso de todos
los tiempos mucho más aproximada a los verdaderos contornos
de su historia, que aquella otra legada por una tradición
acuñada bajo el signo de la inmediatez, los prejuicios
y el apasionamiento partidista.
Todo
acto de recuperación de la memoria, siempre que se realice
con rigor, es un servicio a la colectividad y ninguna sociedad
puede dejar pasar las oportunidades que surjan en este sentido.
La reflexión crítica sobre Godoy, o sobre cualquier
otro componente relevante de la memoria, no es, por tanto, sólo
un ejercicio de erudición o materia exclusiva de los profesionales
de la Historia, sino una empresa ciudadana.
Miguel
Ángel Melón
Emilio La Parra
Fernando Tomás Pérez