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EXTREMADURA EN SUS PÁGINAS.
DEL PAPEL A LA WEB
INTRODUCCIÓN
Lo que ofrece esta exposición no es otra cosa que un recorrido
por la historia de Extrema dura a través de los libros, de
sus impresores, de quienes los escribieron o de aquellos que los
fueron atesorando a lo largo del tiempo en bibliotecas o librerías.
Es bien conocida por todos los extremeños la colección
o "biblioteca" hallada en Barcarrota, con su punto de
misterio y leyenda, y también saben de ella los estudiosos
de todo el mundo, gracias a la progresiva edición de sus
textos por la Editora Regional de Extremadura: ese fue mi compromiso
institucional y personal, y se viene cumpliendo con los ritmos y
plazos que exige una investigación del máximo rigor
histórico y filológico. Pero los hallazgos de este
tipo no han cesado, o así al menos parece indicarlo la reciente
aparición de un devocionario en lengua arábiga en
Homachos, oculto esta vez, presumiblemente, por alguno de los miembros
de la numerosa y activa comunidad morisca que hubo en aquella villa
hasta mucho después de su expulsión y si estos fueron
hallazgos arrancados al olvido por el azar, quizá no sean
menos desconocidos muchos de los manuscritos e impresos que se ofrecen
en esta muestra. Hasta que la imprenta tuvo asiento y continuidad
en Extremadura, las páginas de nuestra historia literaria
y política hubieron de darse a la estampa en talleres de
Salamanca, Sevilla o Madrid. Y ese mismo camino habrían de
tomar aquellos escritores que abandonaron nuestra tierra para adquirir
estudios superiores o labrarse una reputación literaria en
las academias y tertulias de las grandes ciudades.
Pero también hubo, y a ellos se les ha prestado especial
atención expositiva, figuras menos conocidas que emplearon
tiempo e ingenio en reflexionar sobre los males y carencias de la
tierra extremeña, sin alejarse para siempre de sus confines
como lo hicieran aquellos otros. Cierto que ellos no alcanzarían
la fama, pero hicieron mucho bien a sus paisanos dándoles
a conocer un modo nuevo de sentir y pensar. Podría decirse
que, como pequeños Prometeos, trajeron a esta tierra de penumbras
los destellos del Siglo de la Luces. Es el caso, por ejemplo, del
ilustrado Vicente Paíno y Hurtado, que consumió sus
mejores años en reclamar ante la Corte los derechos de Extremadura
frente a los anacrónicos y abusivos privilegios de los ovejeros
mesteños que impedían el desarrollo de nuestra agricultura.
Y ha de entenderse que su presencia en esta exposición no
se debe a que sus escritos fuesen parangonables a los de Meléndez
Valdés, por citar un ejemplo de entre aquellos que marcharon
para triunfar, aunque no se olvidaron de hacer denuncia apasionada
de los males que aquejaban a su patria chica. Y lo hizo, sobre todo,
en el discurso que escribió con motivo de la inauguración
de la Real Audiencia de Extremadura en 1791. Pero en ese momento
solemne en que se instalaba una institución tan largamente
reclamada y que tanto habría de contribuir a la definición
de Extremadura como entidad político administrativa diferenciada,
Meléndez estuvo ausente. En su lugar leyó el discurso
la máxima autoridad de la nueva Audiencia. Tal vez los caminos
se hallaban intransitables aquella primavera o quizá Extremadura
no era ya para el "Dulce Batilo" más que una dorada
tarde en la memoria de la infancia.
Autores, pues, menores pero esenciales para nuestra intrahistoria,
junto a grandes figuras conocidas y reconocidas de la literatura
o el pensamiento. Libros de gran empaque que nos hablan de glorias
pretéritas, pero también pequeñas y casi ingenuas
labores tipográficas de literatura popular o folletos divulgativos
que reflejan en su rudimentaria parquedad otras épocas de
penuria y aislamiento, de escasez de lectores y de minorías
ensimismadas. De todo ello nos habla la exposición "Extremadura
en sus páginas". Aunque no faltan tampoco muestras de
periódicos que fueron naciendo al amparo de la libertad de
imprenta, un derecho reconocido por las Cortes de Cádiz y
en cuyos debates los diputados liberales extremeños habrían
de tener parte muy principal. Y es este, seguramente, otro capítulo
mal conocido y valorado por los extremeños de hoy. Tiempo
habrá de rescatarlo del olvido en las celebraciones conmemorativas
del segundo aniversario de la Guerra de la Independencia y de la
constitución de 1812.
Con más empeño que medios, con más entusiasmo
que mercado, los establecimientos tipográficos se fueron
multiplicando a lo largo y ancho de la región durante todo
el siglo XIX y primera mitad del XX. Y es quizá bajo estas
condiciones adversas donde brilla con luz propia la obra de algunos
emprendedores del momento. Lo fácil era imprimir por cuenta
ajena, pero algunos se embarcaron en proyectos editoriales más
o menos duraderos.
En Badajoz, el periodista y tipógrafo Antonio Arqueros concibió
la idea de editar una Biblioteca de Autores Extremeños. Contactó
incluso con la anciana Carolina Coronado, quien no supo entender
el significado de esta encomiable empresa. Arqueros no llegó
a ver en vida la culminación de su proyecto, pero este es,
quizá, el sino de todos los pioneros. También fue
el destino de aquel otro visionario, Agustín Sánchez
Rodrigo, que se empeñó en editar un nuevo método
de lectura y escritura ideado por el maestro Ángel Rodríguez
Álvarez. La imprenta que montó en Serradilla tuvo
que viajar a lomos de caballería desde la estación
ferroviaria de Mirabel. Contra todo pronóstico, la empresa
fue durante años rentable y varias generaciones de españoles
aprendieron a leer en las cartillas del método Rayas.
Y "del papel a la web". Sobre estos antecedentes de imaginación,
sentido emprendedor y de proyección de futuro, queremos que
se sitúe la apuesta que la Junta de Extremadura ha realizado
por las nuevas tecnologías, una de cuyas aplicaciones más
ambiciosas y eficaces se orienta, precisamente, hacia
ese campo de la renovación educativa en el que Sánchez
Rodrigo fue también un precursor.
JUAN CARLOS RODRíGUEZ IBARRA
RESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA
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