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PRÓLOGO
Álvaro Valverde
Este
prólogo debería haberlo escrito Fernando Tomás
Pérez González, director de la Editora Regional de
Extremadura durante los diez últimos años, y así
habría sido si no se hubiera cruzado en su camino una muerte
tan prematura como injusta.
Fernando
comenzó a imaginar La Gaveta en 1995, poco después
de incorporarse a su nueva tarea como editor. El primer ejemplar
apareció en 1996. Por tanto, se cumplen ahora diez años
exactos desde que la colección se puso en marcha. Encargó
su diseño a Julián Rodríguez, uno de sus más
fieles colaboradores y una persona fundamental para comprender la
paulatina renovación de la Editora. Fue fácil que
cuajara pues, desde el principio, le pareció bien la idea.
Asumió que el formato era el adecuado, lejos del tamaño
de los que solía publicar la ERE hasta entonces. Se eliminó
el plastificado, el acabado industrial, los papeles contaminantes,
poco agradables al tacto, y se tomó la decisión de
que se imprimiera en Extremadura, como se empezó a hacer
con el resto de las colecciones a partir de entonces; algo que a
la larga ha generado cierto tejido social en la empresa editorial
extremeña, una carencia secular en esta tierra. Se eligió
una cartulina Countryside, reciclada, para la cubierta y dos tipos
de papel, según la extensión del libro, para el interior.
Se buscaron materiales, ya decimos, que fueran resistentes y, al
mismo tiempo, artesanales, pero a un precio no por encima del habitual.
Comenzó
a imprimirse en Indugráfic, una empresa de Badajoz, aunque
luego ha venido haciéndose de forma definitiva en la imprenta
de Tomás Rodríguez, en Cáceres.
Fernando decidió que la colección
debía mezclar la inclusión de nuevos autores con otros
ya consagrados, que se irían complementando con escritores
de generaciones intermedias a los que, a veces, se podría
catalogar como "raros" u "olvidados".
La
proyección se tuvo también clara desde sus comienzos
(un objetivo que ha venido definiendo al resto de colecciones de
la ERE). Debía ser nacional; de ahí que se presentaran
los primeros títulos en Madrid, con padrinos tan ilustres
como Luis Landero y Andrés Trapiello. Se celebró el
acto en la mayor librería del grupo Crisol, y entre el público
había una nutrida representación de poetas, narradores,
periodistas, editores madrileños…Más tarde se
realizó una multitudinaria presentación en Badajoz
donde participaron varios autores con un presentador ad hoc: Cercas
fue presentado por Julián Rodríguez, Eugenio Fuentes
por Leal Canales, etc. Allí estuvo, por cierto, la entonces
periodista Letizia Ortiz, hoy Princesa de Asturias. Claro que por
entonces, quién lo diría, Cercas aún no era
el escritor conocido que hoy es. Por seguir con esto, conviene recordar
que el libro de mayor tirada, reeditado en la segunda con el doble
de ejemplares que en la primera edición, ha sido El hombre
abreviado, de Alonso Guerrero, un buen libro al que razones extraliterarias
le proporcionaron un plus.El segundo libro de mayor tirada, reeditado
también, ha sido Una buena temporada, de Javier Cercas, que
fue publicado, eso sí, mucho antes del éxito de Soldados
de Salamina.
La
colección encontró pronto un eco relevante en la prensa
nacional y casi todos los libros han sido reseñados en algún
medio de relevancia: El País, El Mundo Abc... En las últimas
Feria del Libro de Madrid en las que estuvo presente la ERE, fue
sin duda la colección más demandada, junto a los facsímiles
de la Biblioteca de Barcarrota. Luego irrumpieron, bebiendo qué
duda cabe de su espíritu y concepto, la nueva colección
de Poesía y otra colección hermana, incluso en formato,
la de Ensayos Literarios.
Hay
quien dice, y Fernando lo recordaba a menudo, que en La Gaveta estaban
los mejores libros de algunos autores. Él mencionaba, por
citar a tres muy distintos, a Félix Grande, Gonzalo Hidalgo
Bayal y Jorge Márquez, quienes habrían publicado sus
mejores libros, o los que él prefería, en La Gaveta.
El
crítico y ensayista Jordi Gracia escribió en el tomo
de Francisco Rico dedicado a la narrativa última, que Aprendices
de fantasma de José Luis García Martín era
el mejor libro narrativo o ensayístico del de Aldeanueva.
Algunos lectores de León, críticos a su vez, opinaban
que el mejor libro de su paisano Cerebro González era el
de la Editora.
Llegaban
noticias de toda España, y, durante una época, a él
o a Julián, como diseñador y asesor, originales de
escritores nacionales que querían tener un libro en la colección.
Con todo, sólo han publicado en ella autores extremeños
o vinculados a Extremadura (los citados Trapiello y Manuel Vicente
González, pero también Anatxu Zabalbeascoa, Javier
Pascual, etc.). En 2004 se abrió la colección a Portugal
con un libro emocionante de José Luis Peixoto, pues Fernando
entendía que se había llegado a un punto de cierta
«saturación» de lo extremeño y había
que «oxigenar» la colección. Siguiendo uno de
los principios orientadores de nuestro Estatuto de Autonomía,
se pensó en Portugal y en América Latina.
Muchos
libros de esta colección tuvieron, por primera vez en la
historia de la edición de Extremadura, labor de editing y
se habló largo y tendido con algunos autores para mejorar
los textos o para aliviarlos de artículos demasiado apegados
al momento y, en consecuencia, poco «trascendentes»...
o, en fin, demasiado controvertidos y poco interesantes para la
colección en sí, que pretendía ofrecer ante
todo literatura «a secas».
La
Gaveta ha recogido textos de escritores de, casi, cuatro generaciones
distintas que van desde Félix Grande hasta Javier Rodríguez
Marcos, curiosamente dos autores más conocidos como poetas.
En ella se han venido publicando desde textos digamos convencionales,
narrativamente hablando, hasta otros con tinte experimental, como
el de Pascual, un libro que, precisamente, ha sido muy comentado
y recomendado, al margen de las reseñas críticas,
por numerosos autores del panorama nacional.
No me cabe la menor duda de que La Gaveta era
la colección preferida de Fernando Pérez. Por lo demás,
se podría decir que, entre todas, ejemplifica perfectamente
–junto a la de Barcarrota, pongo por caso- la transformación
que ha llevado a la Editora Regional de Extremadura a convertirse
en una de las pequeñas editoriales más prestigiosas
de España. A pesar incluso de su carácter público
(una peculiaridad no siempre bien vista), algo que dignifica aún
más la labor de mi predecesor y amigo. Él quiso que
se publicara este libro. Esta Gaveta de Gavetas cierra una época,
sin duda, pero, como él quería, para abrir otra que,
a ser posible –en eso estamos- dé continuidad al proyecto
con el mismo grado de excelencia. Que Julián Rodríguez
siga en el empeño es una buena señal. Julián
y María José Hernández –otra cómplice
imprescindible de esta aventura- y, en fin, todos cuantos componen
el equipo de la ERE.
Conviene
precisar que en este volumen colaboran todos y cada uno de los autores
que han publicado en ella. Porque el alma de La Gaveta ya no está,
este número tiene un aire de homenaje. Está bien que
así sea. Los gavetianos han sido los primeros en sentirlo.
Ojalá no desmerezca de lo que acertó a imaginar su
riguroso y exigente inspirador, dondequiera que esté. Para
uno, para tantos, aquí, tan cerca.
Álvaro Valverde
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