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Jorge Márquez
EL FINAL DEL GUIÓN

A Fernando Tomás Pérez, víctima del guión más cruel

   El tipo de la bata blanca grita iA ver, ráfaga!
   Después de una música reverberante, que ni empieza ni termina, se vuelve a él, le clava la mirada y levanta una mano capaz de sembrar todo el silencio en la infinitud de la nave. Repite conmigo -dice-. Lo siento chaval, mala suerte. Tienes cáncer.
   ¿Cáncer?, ¿cómo... cáncer?, balbucea él desde los cimientos de un pánico primitivo, y, mientras, un cosquilleo mortal le afloja el vientre.
   Pero el doctor se desespera. iNo, no, no!, mal: ésa no es la pregunta, ¿de qué te extrañas? , ¿de tener cáncer? Te lo has bebido todo, te lo has fumado todo, duermes mal y a deshora, has vivido contra las leyes más elemen tales del sentido común... ¿y te sorprendes de tener cáncer? (iQué mierda de función, señor!) Tu perplejidad debe ser bien distinta; algo más propia de un tipo duro y maduro. (iQué actores, santo Dios; qué actores!) Tu pregunta tendría que haber sido. . .
   Pero suspira paciencia y A ver, volvamos atrás. Ahora sonríe, buscando con la broma ganarse del actor una confianza que, si le sale bien, piensa dedicarle. ¿Ves?; aquí sí se puede volver atrás; en lo del cáncer no, pero aquí sí. Repitamos.
   Repite conmigo -repite-. Lo siento chaval, mala suerte, tienes cáncer.
   Silencio; un silencio que no figura en el guión; un silencio de pánico.
   Venga, hombre; tranquilo. Concéntrate, piensa. Has de adoptar una postura digna, un tono escéptico, y. . .
   ¿Cáncer?, ¿como... cáncer., murmura obsesivo el eco.
   ¡Que no, hostias! ¡Pareces una niña meada! ¡Lee tu texto!¡Mira, mira!, ¿Que dice aquí, eh, qué dice?, le grita golpeando con el dorso de la mano derecha los papeles que sostiene con la izquierda. ¡Digno y escéptico!, dice. ¿Entiendes? ¡Digno y escéptico! ¿Sabes lo que significa eso? ¡No, claro! ¡No tienes ni puta idea! Se da la vuelta con el rostro congestionado por la ira. Y.
   ¡Marga!, rebuzna.
   La chica del cabello largo y rizado, la enfermera desenvuelta que usa vaqueros gastados y botines de piel de ante, surge como una bendición esperanzadora de entre las oscuridades de la nave. La traen un paso ágil y una decisión llena de costumbre. No dice Si no fuera porque está una aquí..., pero lo piensa. Sin detener el andar impetuoso, mete los brazos en las mangas de su bata blanca (no la abrocha), caza al vuelo los papeles que el
doctor le tiende en su furiosa marcha y se dirige a él.
   Tranquilo, chaval, le dice exhibiendo una sonrisa de chicle.
   Él se nota perturbado por algo que no está en la frescura de su colonia, ni en su excesiva cercanía ni en la transparencia de su piel perfecta (nunca se había sentido más lejos del deseo).
    ¿Chaval?, balbucea sin querer. Hacía décadas que nadie me llamaba chaval. Menos aún una mujer joven.
    ¿Ves? , le subraya la enfermera. Ahora lo has entendido. Tú no eres ningún chaval, ¿verdad, mi amor?
    Ni se imagina qué debería contestar.
   Marga acentúa cruel Ésa es precisamente la clave de tu frase. Hace años que sabes que no eres un chaval. Tienes canas, estás gordo, fofo, te asfixias cuando te agachas para atarte los zapatos, tus padres murieron de viejitos hace ya mucho tiempo... ¿Lo entiendes ahora?
    Él dobla la cabeza derrotado por una certidumbre que le traslada a la brutalidad del presente.
   Y ahora, volvamos al guión. Repite conmigo, Lo siento chaval, mala suerte. Tienes cáncer.
    ¿Cáncer?, ¿cómo... cáncer?
   No, mi amor, no. Tu respuesta, digno y escéptico, es ¿Chaval? , ¿cómo que chaval? Me lo he bebido todo, me lo he fumado todo, duermo mal y a deshora, he vivido contra las leyes más elementales del sentido común... ¿y me llamas chaval?
    Y luego, cariño, sonríes apesadumbrado y te comes tú solo esta mierda, que es tu mierda; la tuya. Ni siquiera tienes una esposa y unos hijos, una familia caritativa que te ayude a tragarla poquito a poco, como sin darte cuenta. Lo siento, cariño. Yo no he escrito el final del guión. Yo sólo soy la ayudante. Me perdonas, ¿verdad, mi amor?
    Entonces se da la vuelta y ordena enérgica iA ver, ráfaga y al principio! Y sigue caminando hacia lo oscuro mientras se desembaraza de la bata blanca.