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RECUERDOS
DE UN COMISARIO NI POLÍTICO NI CORRECTO
Revista ECO de la Consejería de Cultura
Año 2006
Se
me pide que hable brevemente de la exposición Extremadura
en sus páginas. Permítaseme que cuente mis recuerdos.
La idea de la exposición empezó a germinar a finales
de junio de 2004. El Consejero de Cultura, Francisco Muñoz,
en el curso de una reunión a la que asistieron también
José María Corrales y Fernando Pérez, nos propuso
al propio Fernando y a mí que, en el año de El Quijote,
nos encargásemos de preparar una muestra sobre el libro con
el título de Extremadura en sus páginas. La idea,
que implicaba un reto atrayente, me ofrecía la oportunidad
de volver otra vez a mi querida Extremadura, así que acepté
de inmediato la invitación sin pensármelo dos veces.
Quizá pequé de ligero. Debo confesar ahora que me
parece increíble que, en menos de año y medio, se
haya podido montar una exposición de esta envergadura y publicar
un libro-catálogo tan digno.
Fue un acierto crear un comisariado bicéfalo, sobre todo
teniendo en cuenta la amplitud de la muestra: era la única
manera de abarcar con rigor el espacio histórico que se abarcó.
Por otra parte, ello me dio la oportunidad de tratar más
a fondo a Fernando Pérez. Nos habíamos repartido el
trabajo. Sin embargo, Fernando no cesó de guiarme y aconsejarme
-la sociedad extremeña, tan compleja, necesita de un lazarillo
para no perderse en sus arcanos y recovecos-, aunque ya lo aquejaba
la terrible enfermedad que lo llevó a la tumba. Precisamente
en el verano de 2004, cuando nos disponíamos a empezar el
diseño de la exposición, un “alifafe”,
como él decía, lo postró durante más
de un mes en la cama. Inasequible al desaliento, volvió al
tajo como si nada hubiera pasado, sonriente, distanciándose
de su propio sufrimiento con elegancia suma y analizando acontecimientos
y peripecias con esa sutil ironía tan suya.
Juntos visitamos museos y archivos, juntos recorrimos Extremadura
de cabo a rabo buscando piezas para la exposición, juntos
nos llevamos grandes alegrías y también -por qué
no decirlo- algún berrinche que otro. Juntos, por fin, hablamos
y discutimos horas y horas, porque Fernando era un hombre especialmente
discursivo, especialmente dialogante; al final, explayándose
en interminables conversaciones telefónicas que, a medida
que lo abandonaban las fuerzas, se fueron haciendo más cortas.
Es preciso confesar que no vino a Extremadura todo cuanto pedimos.
Hubo instituciones que denegaron el préstamo de sus fondos,
con razón o sin ella; otras dejaron salir sus piezas por
un plazo corto, para ser expuestas bien en Badajoz bien en Cáceres.
A pesar de todo, la exposición mostró al visitante
manuscritos e impresos excepcionales, tal vez pocos a juicio de
los bibliófilos y quizá demasiados para el común
de los visitantes, amén de impresionantes piezas romanas,
cuadros de primerísima fila (el Maestro del Parral, Berruguete),
grabados (la Melancolía de Durero), litografías, una
imprenta, videos, ordenadores, etc., sin que faltara un toque lúdico.
Procuramos sistematizar y, en la medida de lo posible, contextualizar
las obras expuestas, pero sin pretender pontificar: en todo momento
fuimos muy conscientes de nuestras propias limitaciones.
Fueron muchos meses de esfuerzo, sí, pero entreverado de
alegrías y sorpresas. Una verdadera satisfacción:
el reencuentro con Antonio Serrano, un gran profesional, después
de tantos años. Una gratísima sorpresa: haber trabajado
con Ana Jiménez, en quien la diligencia se ha hecho sonrisa
y a quien ya echo de menos si pasa un día sin recibir un
correo suyo, como por fuerza empieza a ocurrir. Recibimos el apoyo
y el aliento de muchas personas de Extremadura (Antonio Franco,
Lucía Castellano, Mariluz García, Montaña Paredes,
María Antonia Fajardo, Guillermo Kurtz, Justo Vila y tantos
otros) y también comprobé que los amigos de siempre
respondieron con sin igual prontitud y eficacia (Amparo López,
Isabel Aguirre, Sofía Torallas, Nuria Casquete de Prado,
etc.). Pero ya que ahora priman los recuerdos, no me gustaría
dejar de mencionar el cariño con que me acogió en
Mérida J. Mª Álvarez Martínez, un antiguo
discípulo que ya es un verdadero maestro.
Una exposición sobre el libro ha de estar acompañada
de un catálogo especial. Que este sueño se haya hecho
realidad se debe a Fernando, que quiso mimar al máximo la
edición del libro-catálogo, tan primorosamente diseñado
por Julián Rodríguez Marcos e impreso por la editorial
Indugrafic.
Ignoro si acertamos o no. Tampoco sé si salimos airosos en
el empeño de reflejar las peripecias del libro en Extremadura
a través del tiempo o, por decirlo de otra manera, leer la
historia de Extremadura en sus páginas. Lo que sí
puedo asegurar es que tanto Fernando como yo pusimos todo nuestro
esfuerzo y toda nuestra ilusión en lograrlo. A mí
personalmente me gustó el resultado, y creo que también
le hubiera gustado a Fernando. Pero son otros los que tienen a este
respecto la última palabra.
JUAN
GIL
Comisario
de la exposición
“Extremadura en sus páginas: del papel a la web”
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