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(Este
artículo fue escrito por Fernando Pérez Fernández,
hijo de Fernando Tomás, para el catálogo de la Exposición
"EXTREMADURA: TIERRA DE LIBROS", celebrada en abril de 2007,
que mostraba los fondos del bibliófilo Joaquín González
Manzanares)
FERNANDO
TOMÁS PÉREZ GONZÁLEZ
Sucede
a veces que en el genio de una persona concurren más de una excelencia,
y sucede, también a veces, que esta persona aun sintiendo idéntica
inclinación por el cultivo de todas sus excelencias, se ha visto
abocada a aceptar un crecimiento desigual del fruto producido por su talento.
Ese es el caso de mi padre, Fernando Tomás Pérez González,
profesor, ensayista y editor; también narrador y dibujante.
Hemos de retroceder ahora a su infancia, a aquellas remotas tardes veraniegas
en la casa familiar del pueblo, en las que mi abuelo, Fernando Pérez
Marqués, convocaba a sus hijos para realizar ejercicios de caligrafía
y rotulado. Ya entonces mi padre realizaba estos deberes con un primor
que auguraba su futura devoción por la estética de la grafía;
devoción en la que habrían de resultar inseparables la materialidad
y el espíritu de la letra, y que habría de servirle en su
tarea editorial para resolver a vuela pluma algún detalle de diseño.
También la pasión por el color y la textura del papel, el
encuadre perfecto de la entitulación en la portada, el tipo de
cubierta y contracubierta o un pequeño anagrama fue adquiriéndola
mi padre en sus rastreos por las librerías de viejo a la búsqueda
azarosa de tal o cual libro raro que mi abuelo solía encargar a
su hijo cuando era universitario en Madrid. Fue, en fin, una pasión
de bibliófilo que mi padre acabaría haciendo suya.
Y quizá se remonte a aquellas mismas tardes de dictados, redacciones
y lecturas en familia, la silenciosa vocación narradora de mi padre,
vertida en unos cuentos que hoy hibernan sobre las páginas de cuadernos
rojos con tapa dura y papel cuadriculado. Es así porque un día
la voluntad de su autor se escoró al desarrollo de la investigación
y el ensayo acerca del pensamiento, y muy especialmente acerca de la aportación
extremeña al conjunto del pensamiento moderno español. Fue
en esa labor de rescate donde mi padre descubrió el valor encerrado
en los testimonios, los periódicos y toda la literatura efímera,
hasta ahora no muy acreditados como base documental para la historia.
Avalaron su hallazgo un grupo de profesores, entre los que se encuentran
sus amigos Diego Núñez y Alberto Gil Novales.
Estando en ello, otro amigo, Francisco Muñoz Ramírez, al
ser nombrado Consejero de Cultura de la Junta de Extremadura, lo emplazó
a que ocupara la dirección de la Editora Regional. Así fue
cómo desde otra de sus cualidades, la de editor, mi padre fue ganando
para una editora pública el difícil mercado del libro a
base de sus inquebrantables vocaciones: el sentido estético del
bibliófilo, el rigor del científico y la pasión por
la literatura del escritor silencioso e incansable lector. Y desde esas
vocaciones inquebrantables, tan inquebrantables como su honestidad, mi
padre fue galvanizando colecciones ya existentes; fue concibiendo otras
nuevas –La Gaveta, la colección Estudios, la de Ensayo, la
Biblioteca de Barcarrota a partir de su afortunado hallazgo-; fue catapultando
nombres en ciernes –todos ellos ampliamente reconocidos hoy- a sabiendas
de la inquina y la diatriba; fue igualmente rescatando grandes nombres
y buenas obras descatalogadas. Fue, en fin, dejando dormida en anaqueles
su vocación de escritor, con tal de ahondar las raíces de
su apuesta editorial con la honestidad del excelente y genial funcionario
público que siempre fue.
FERNANDO PÉREZ FERNÁNDEZ
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Nota
biográfica: Fernando Pérez Fernández nació
en Cáceres el 19 de diciembre de 1984. Desde niño se ha
venido destacando como un estudiante inquieto e interesado por todos los
saberes científicos y humanísticos. Miembro joven de la
Asociación de Escritores Extremeños, ha obtenido por sus
trabajos literarios varios premios nacionales y alguno internacional.
Siguiendo las huellas de su padre –catedrático de Filosofía,
ensayista y editor- realizó la licenciatura de Filosofía
Pura, en la Universidad Autónoma de Madrid y continúa su incipiente
actividad como escritor.
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