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SIGNIFICADO DE JOAQUÍN SAMA
EN LOS INICIOS DE
LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA
Julián de Zulueta y Cebrián

El hablar de Joaquín Sama y de los inicios de la Institución Libre de Enseñanza es hablar de uno de los momentos cruciales de la España del siglo XIX y de uno de los movimientos culturales más importantes -tal vez el más importante- desde la Ilustración que iluminó nuestro siglo XVIII.

La Institución ve la luz en 1876, precedida por las sacudidas producidas por la "cuestión universitaria". Fue en 1868 cuando un grupo de profesores, inspirados por D. Julián Sanz del Río, defienden la libertad de enseñanza universitaria y pierden la cátedra. Giner de los Ríos, entonces joven profesor de 29 años, está a punto de perderla perola revolución del 68, la llamada "Gloriosa", detiene la mano de Orovio, el ministro que destituyera a Sanz del Río y estuviera a punto de destituir a Giner de los Ríos. Los años siguientes son los de D. Amadeo de Saboya y los de la Primera República. D. Francisco Giner, nos dice Cossío, su fiel discípulo, es el alma de la reforma universitaria, de la reforma penitenciaria y de tantas otras de aquella breve y desafortunada Primera República.

Con el golpe de Pavía y la Restauración del 74 los vientos de la reacción vuelven a soplar. Orovio es de nuevo ministro y se plantea otra vez la "cuestión universitaria". España como país católico, dice Orovio "no puede consentir que en las cátedras sostenidas por el Estado se explique contra el dogma que es la verdad social de nuestra patria". Sanz del Río ya ha muerto pero son muchos los catedráticos afines a sus ideas, entre ellos Giner de los Ríos, los que protestan ante esta imposición. La respuesta del Gobierno fue la destitución y, en muchos casos, la prisión de aquellos que disentían.

Giner de los Ríos enfermo es sacado a las cuatro de la madrugada de su casa en Madrid y llevado por la Guardia Civil al Castillo de Santa Catalina en Cádiz. La pena de reclusión le será más tarde conmutada por la de confinamiento en la misma ciudad. Es justamente en Cádiz, donde ante tan arbitraria destitución y trato -sufrido por él y por tantos otros profesores- madura en el pensamiento de Giner de los Ríos la idea de la creación de una Institución Libre de Enseñanza. Lo hará al año siguiente, en 1876, cuando un gobierno menos autoritario que el anterior revocará las medidas tomadas por Orovio.

La institución en la que pensó Giner de los Ríos era una institución universitaria, libre, independiente del Estado, que había de agrupar a los profesores destituidos; pero al ser éstos repuestos en sus cátedras, la institución deja de ser el centro universitario en el que pensó Giner para convertirse en lo que sería después durante más de medio siglo: un centro escolar de educación primaria y secul1daria. Es a ese centro al que se incorpora en 1879 Joaquín Sama, hombre ya de 39 años –uno menos que los de D. Francisco- con una trayectoria de vida y una personalidad originales pero con un modo de pensar muy próximo al del fundador de la Institución Libre de Enseñanza.

Nace Joaquín Sama Vinagre en esta tierra de Extremadura que evoca su figura al cumplirse el primer centenario de su muerte. Nació en San Vicente de Alcántara en 1840 y estudió el bachillerato en su pueblo natal y en Badajoz, colocándose de mancebo de botica para ayudarse así en sus estudios. Se desata entonces una epidemia de cólera y el muchacho participa activamente en la lucha contra la terrible enfermedad. Los padres lo reclaman para que vuelva a la casa paterna pero Joaquín se niega porque cree su deber seguir en la botica donde tanta ayuda prestaba. Nos muestra este episodio la entereza y la capacidad de juzgar y decidir de quien era entonces casi un niño (1).

Terminado el bachillerato en Badajoz se dirige Sama a Sevilla para estudiar la carrera de Derecho y para estudiar también, sin decírselo a sus padres, la de Filosofía y Letras, costeándose sus estudios con los poquísimos ahorros que tenía y con lo que sus abuelos alguna vez le regalaban. Abogado al fin volvió a San Vicente donde abrió bufete y donde con el transcurso del tiempo fue primero juez municipal y más tarde alcalde. Fue también candidato republicano a Cortes, pero el caciquismo local le impidió siempre conseguir un escaño. Su propaganda política, nos dice una nota necrológica publicada en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, "consistía siempre en hablar de la educación popular; y antes de acudir al meeting en el teatro, con los discursos y aclamaciones, pasaba por la escuela, llevando en su compañía a las autoridades y a los ricos, y hacía una lección a los niños, de la que pudieran todos deducir el valor y la urgencia que para la nación entraña la función de la enseñanza" (2).

Éste era el hombre y ésta era su manera de actuar. Cuando en 1869 obtuvo por oposición la clase de Psicología en el Instituto de Huelva, sus actividades no se limitaron a la enseñanza en el Instituto. "Llevado de sus convicciones de la necesidad de hacer siempre algo para redimir al pueblo", cito de nuevo el Boletín de la Institución, "ideó la creación de una escuela de artes y oficios, que llevó a la práctica, recabando el auxilio de sus comprofesores y de las personas de buena voluntad a quienes infundió su entusiasmo. Todavía recuerdan muchos en Huelva cuántos obreros salieron de aquella modesta escuela: albañiles, carpinteros, torneros, que sobre el rápido aprendizaje material de su arte, sacaban instrumentos valiosísimos, como la lectura, la escritura, el dibujo y otros elementos de cultura para la lucha de la vida"(3). Hasta aquí el comentario del Boletin de la Institución; el comentario mío es que aquí tenemos un claro antecedente de las escuelas taller creadas en este último decenio.

Por sus avanzadas ideas sociales, democráticas y librepensadoras, el profesor de Psicología del Instituto de Huelva es destituido por Orovio en 1875. Para ayudarse a vivir -y aquí vemos de nuevo la originalidad de Sama- trabaja de tornero, de carpintero y aún de zapatero, pero ello no le impide mantenerse en correspondencia con aquellos pensadores de su tiempo que comparten sus ideas filosóficas, entre ellos Giner de los Ríos. Cuando finalmente entra en la Institución en 1879 ambos han recorrido juntos un mismo camino: el que trazó D. Julián Sanz del Río sobre la tierra española, inspirado por Krause.

La enorme influencia del pensamiento de Krause en los inicios de la Institución Libre de Enseñanza ha intrigado siempre a quienes se han interesado en lo que pudiéramos llamar el fenómeno institucionista: la decisiva influencia de un modesto centro escolar –modesto en cuanto a sus medios económicos y a su número de alumnos- sobre la cultura española de finales del siglo XIX y principios del XX. Es cerca de medio siglo durante el cual la influencia de D. Francisco Giner y del grupo institucionista se hace sentir en todo lo que se refiere a la ciencia, la educación y en términos más generales a la cultura española de la época. La creación de la Junta para Ampliación de Estudios, la de la Escuela Superior del Magisterio, la de la Residencia de Estudiantes y la de tantos otros centros de enseñanza y de investigación se deben a Giner de los Ríos y a la Institución. La renovación de toda la vida universitaria española se debe también en gran parte a ellos.

Pocos son los españoles ilustres, no ya los pensadores y educadores, sino los escritores, los artistas e incluso los políticos de aquella época, que no han estado influidos por la Institución. Que mucho de ello se debe a la influencia directa, a la personalidad de D. Francisco, parece claro a sus contemporáneos. Mi padre, Luis de Zulueta, que tanto le admiró y tanto le quiso, nos dice que "cada minuto de su vida era una lección. Pero tenía en el más alto grado aquella cualidad que Herder consideraba como la primera para los educadores: la gracia", (...) "Tenía una fina gracia andaluza que constituía, por decirlo así, como el aroma peculiar de sus pensamientos y de su estilo. Mas esto es lo de menos. D. Francisco hacía pensar en lo que la gracia era para los inimitables griegos, en lo que Platón llama el encanto de la ciencia y la seducción de la virtud. Y, al lado de esa significación helénica, la gracia en D. Francisco mostraba todo el valor cristiano de esta palabra: don del Cielo, estado de un alma en la que Dios habita” (4).

La influencia de D. Francisco, de su personalidad extraordinaria, de su palabra maravillosa ha sido, sin duda, mucho mayor que la de sus escritos. De Luis de Zulueta y de Julián Besteiro he oído siempre en la intimidad familiar que no podría conocer a D. Francisco quien no le hubiera oído hablar, porque sus escritos no reflejan lo que fue en realidad el Maestro. Y Unamuno nos dice, como para completar esta visión de D. Francisco, que "aunque no hubiera dejado escrito alguno, como no lo dejó Sócrates, su obra viviría entera" (5).

Pero dejemos a Sócrates y volvamos al krausismo. La influencia desmesurada de Karl Christian Friedrich Krause en la vida cultural española ha sorprendido tanto en España como en Alemania, su tierra natal. No tuvo en vida el éxito que él creía merecer. Su posición dentro del llamado idealismo alemán no fue nunca la que él pensó que iba a tener. Si él creyó estar a la misma altura de Fichte y Schelling, sus contemporáneos no lo creyeron. Según el profesor Gerhard Funke se empeñó Krause en la elaboración de un lenguaje artificial puramente alemán para desalojar del lenguaje filosófico la terminología tradicional greco-latina. "Con ello llegó a los límites de lo comprensible, y puesto que no encontró en Alemania quien lo tradujera al 'lenguaje técnico de la filosofía' sus escritos han permanecido ilegibles para los alemanes no iniciados o impacientes. Esto se nota ya en la influencia que Krause tuvo (o mejor dicho, no tuvo)" nos dice Funke (6).

Las obras de Krause se publicaron sólo parcialmente durante su vida y fue después de su muerte cuando empezaron a despertar un mayor interés. Sus primeros seguidores, Ahrens, Leonhardi, Tiberghien, interpretan y en cierto modo "traducen" sus obras y es a través de ellos que Sanz del Río descubre el mundo de Krause y lleva a España el mensaje del krausismo, donde tendrá una resonancia mucho mayor de la que tuvo en Alemania. Hasta qué punto el mensaje de Sanz del Río se ciñe a la doctrina original de Krause es difícil de determinar, por lo menos para mí.

En un ensayo de Teresa Rodríguez de Lecea (7) hay una cita reveladora, tomada del texto original del Manual de la filosofía de la Historia de Sanz del Río. Dice así: "Se afirma la originalidad de cada hombre y de su propia vocación y la dignidad de cada vida y de cada período de vida. Se afirma la igualdad de los hombres no sólo en cuanto a su esencia, sino también su igualdad histórica en cuanto a su fortuna o infortunio; su caída o rehabilitación; su bondad o su belleza; su sexo o su raza".

La cita es reveladora porque lo que se dice es, en suma, lo que será doctrina de Giner de los Ríos, de Sama, de la Institución desde sus comienzos. Y la palabra doctrina tal vez es la adecuada, porque la Institución -os lo dice un antiguo alumno- tuvo mucho de secta religiosa laica. Pero esta doctrina que tanto nos dice, este texto ¿es Krause o es Sanz del Río? Exagera Azorín cuando nos dice: "¡Qué importa el viaje de don Julián Sanz del Río a Alemania! La inspiración de Krause fué el excitante. El fondo, la sustancia primaria del movimiento estaba en España". Exagera tal vez, como piensa Elías Díaz (8), pero se acerca, sin duda, Azorín a la verdad, a las raíces profundas del krausismo en la tierra española.

Al mensaje de Sanz del Río, que vino a ser doctrina institucionista, hay que añadir, antes de concluir, algo que refleja la experiencia vital de Giner de los Ríos y que vendrá también a ser parte importante de la doctrina de la Institución Libre de Enseñanza. Giner, que de joven apoyó lo que hoy llamaríamos una política de izquierda, que colaboró con los hombres de la Primera República, vio desmoronarse en pocos años todo aquel mundo en el que él había creído.

Su actitud, más que sus escritos, nos hablan de la decepción profunda que se apoderó de él. Para cambiar a España, se dijo a sí mismo, había, primero que todo, que educarla. Los cambios institucionales o constitucionales y aún menos los cambios frecuentes de gobierno, poco cambiaban la realidad española. Sería la educación, la educación en profundidad, la educación a todos los niveles, la que podría cambiar el país. De ahí viene la importancia y el significado de Joaquín Sama en los inicios de la Institución. Su preocupación social, su firme convicción de llevar la enseñanza a los obreros y campesinos, a las clases sociales más desfavorecidas, se incorpora a la doctrina institucionista. A pesar de su muerte temprana, Joaquín Sama deja su impronta de educador y de luchador social en la naciente Institución Libre de Enseñanza.


NOTAS

1 JIMÉNEZ LANDI,A.: Don Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, New Cork, Hispanic Institue, 1959.
2 SAMA VINAGRE J.: Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 28 de Febrero de 1895, Año XIX, Nº 419.
3 SAMA VINAGRE J.: Op. cit. Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 28 de Febrero de 1895, Año XIX, Nº 419.
4 ZULUETA, L. de :”Lo que nos deja Don Francisco Giner de los Ríos”, La Lectura, 1915, Año XV, Nº 171
5 UNAMUNO, M. de: Recuerdo de D. Francisco Giner, Madrid, (Texto del 13 de Febrero, 1917), T.I. Obras completas, A. Aguado, 1952.
6 FUNKE, G.: “Kart Christian Friedrich Krause y su fundamentación de una ciencia del vivir en el idealismo alemán”. En Reivindicación de Krause, Madrid, Fundación Friedrich Ebert, Tipografía Torreblanca, 1982.
7 RODRÍGUEZ DE LECEA, T.: “Filosofía de la religión del krausismo español”, En Reivindicación de Krause (citada arriba), 1982.
8 DÍAZ, E.: "La Institución Libre de Enseñanza y el Partido Socialista Obrero Español", En Reivindicación de Krause (citada arriba), 1982.