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PERVIVENCIA
DEL IDEAL INSTITUCIONALISTA
María
Jesús Merinero Martín
Las
preocupaciones y discordias que en 1983, y aún vigentes en
alguna de sus dimensiones, España debate en el terreno cultural:
-reformas en el campo de la educación -diseño de la
LRU y LODE- en sus diversos grados;
-la popularmente conocida "guerra de los catecismos",
escurridiza entre el campo de lo jurídico y el de la prioridad
de la concepción eclesiástica en todos los asuntos
de la vida española,
-y el debate mantenido en la Feria de Francfort, sobre las relaciones
de los intelectuales con el poder,
nos llevó a reflexionar (1)
sobre un hecho insoslayable en el estudio de la historia de la cultura
española: el "institucionismo" -entendido por tal
la cristalización de las ideas del krausismo español
en una serie de instituciones que serán las perpetuadoras
de esa actitud intelectual, de ese estilo de vida, que supuso la
asimilación de la Filosofía de Krause en España
de la mano de Julián Sanz del Río.
Este
esfuerzo de renovación cultural, de fundamental trascendencia
a finales del S. XIX, desde la creación de la Institución
Libre de Enseñanza (ILE) como reacción a la crisis
universitaria de 1875, y que siendo una iniciativa privada de carácter
laico, llegó a ejercer una influencia saludable en la enseñanza
estatal (2), se continúa
en diferentes direcciones a lo largo del S. XX con la aparición
de la Junta de Ampliación de Estudios en 1907, la fundación
de la Residencia de Estudiantes, en 1910, y el nacimiento en 1918
del Instituto-Escuela; con posterioridad y lamentablemente con una
corta vida, pueden ponerse en marcha las Misiones Pedagógicas,
en un primer esfuerzo de extensión cultural no sólo
a las clases sociales a quienes no había llegado, sino a
las zonas geográficas más dispares.
En
la ILE profesan ya no sólo krausistas, en sentido estricto,
sino que en conexión con las corrientes de pensamiento coetáneas,
se encuentran vinculaciones con el positivismo, regeneracionismo,
etc. A la vez, el centro de interés se va centrando sobre
la misión educativa a escala nacional, con el objeto de formar
las élites dirigentes del país.
La
Institución tiene diversas fases o épocas (3):
la primera se extiende desde su creación en 1876 hasta 1881,
fecha en la que todos los profesores destituidos son reintegrados
a la Universidad, aceptándose el principio de libertad de
cátedra, por cuanto Giner repartirá su enseñanza
entre Institución y Universidad.
A
partir de esas fechas, las corrientes institucionistas comienzan
a ejercer también su influencia dentro del Estado, con la
creación en 1907 de la Junta para Ampliación de Estudios,
cuyo núcleo central será José Castillejo. En
la tercera fase el institucionismo se proyecta sobre las más
diversas obras de carácter científico y cultural,
Residencia de Estudiantes, el Instituto-Escuela, las Misiones Pedagógicas...
Como
afirma Tuñón, la primera fase es, por fuerza, la más
combativa; la segunda, de esfuerzo reformista y centrada en la renovación
pedagógica; la tercera, netamente elitista, centrada en la
lucha por conquistar los puestos claves de la educación y,
en general, en la sociedad.
Dentro de las realizaciones científicas y culturales del
institucionismo, y tomando como hilo conductor los tres temas en
debate en 1983, vigentes hoy: renovación en la educación
(LOGSE y LAU); confesionalidad de la enseñanza y relaciones
de los intelectuales con el poder, sintetizaremos algunas de las
notas que le caracterizaron, en paralelo con las reacciones que
provocaron hasta dar al traste con ellas en 1936.
Hemos
tomado como centro de nuestra síntesis, la labor llevada
a cabo por el Instituto-Escuela, pues nos ha parecido una de las
iniciativas más cercanas a las preocupaciones de reforma
pedagógica de Joaquín Sama, en torno al cual se celebra
este congreso.
El
Instituto-Escuela formó en su adolescencia varias generaciones
de estudiantes, “llevando a cabo una función de avanzada
frente a una primera y segunda enseñanza que apenas salía
de las tinieblas del pasado (4).José
Castillejo y Manuel Bartolomé Cossío, artífices
de esta nueva experiencia, coinciden en que el problema de la enseñanza
es, fundamentalmente, un problema de calidad. Así planteaba
el panorama cultural el Sr. Cossío en 1913:
"El problema crítico de España puede formularse
de la manera siguiente: ¿Es que en España tenemos
lo suficiente para satisfacer las necesidades de la enseñanza
y estamos en el camino de que pueda enseñarse a leer? Unos
creen que sí, y para ello alegan que tenemos más escuelas
que Inglaterra, pues ésta tiene 25.000 y nosotros tenemos
27.000; es cierto, pero mientras Inglaterra cuenta con 130.000 maestros,
nosotros contamos con 27.000, que apenas lo son.
No
sólo faltan escuelas, sino material de enseñanza.
Pero es preciso añadir el factor inmoralidad. No vamos perdiendo
la fe en las ideas, sino en los hombres que las encarnan" (5).
Semejante
era el juicio posterior de D. José Castillejo:
"la
Dictadura había quitado libertad, la iniciativa privada se
veía mutilada o espantada por la omnipotencia e inconstancia
del Gobierno... La República ha carecido de tranquilidad,
paz y confianza común, por ello ha ofrecido generosamente
recursos, aumentando la cantidad, pero escasamente ha mejorado su
calidad" (6).
Y
se plantean ¿qué hacer para resolver la situación?
Encontrar hombres y formarlos.
Y
ante la situación de permanente analfabetismo, dos son los
puntos de atención, en los que también fueron coincidentes
los dos hombres que elaboraron el Reglamento del Instituto-Escuela:
"...
el problema con respecto al alumno es el del analfabetismo; el alumno
más necesitado es el rural, por eso lo esencial es gastar
el dinero en las últimas aldeas y enviar a los mejores maestros.
Con relación al maestro, lo que más debe preocuparnos
es su formación, y dentro de ella, romper sus estrechos límites...,
debe romper con todo el fetichismo pedagógico, con las cosas
petrificadas. El material que existe hay que desterrarlo, hay que
ir a la vida misma con toda su complejidad" (7).
Porque
creyeron en la importancia de la enseñanza secundaria, le
concedieron estatuto de autonomía (8),
necesario para la formación gradual del hombre en la integridad
de su individualidad personal, para lograr el pleno desarrollo de
sus facultades (9). Por
eso el Instituto-Escuela nació con un doble objetivo: Ser
centro de experimentación de métodos, procedimientos
y programas pedagógicos, y ser un campo de experimentación
y de educación para profesores de escuela secundaria, siendo
el primero en España.
Renovación
pedagógica.
El
primer problema que tuvieron que resolver fue el del profesorado.
Por su régimen especial, el ILE tuvo la posibilidad de elegir
su profesorado, sin necesidad de que realizaran una oposición,
sino siguiendo unos criterios de valoración determinados:
-profundidad
de conocimientos
-calidad profesional
-entusiasmo por la enseñanza.
Mientras
que la función que debían desempeñar era doble:
enseñanza e investigación. Para lo que se optó
por educarles durante tres años y enviar a algunos seleccionados
a visitar escuelas en el extranjero. Su adiestramiento se realizaba
en tres niveles:
-preparación
en laboratorios
-enseñanza práctica
-discusiones sobre educación (10).
Tuvo
planes de estudio propios, y tanto éstos como sus métodos,
se caracterizaron por su audacia. Su carácter experimental
inspiró métodos de enseñanza inspirados en
dos principios esenciales: despertar la curiosidad hacia las cosas
y enseñar mediante el trabajo activo (11).
Las
asignaturas se explicaban de forma concéntrica, disminuyendo
paulatinamente el programa, a la vez que aumenta su diversidad;
la existencia de materias de libre elección dio la posibilidad
de que salieran múltiples bachilleres, de acuerdo con las
diferentes combinaciones que se hicieron con las materias elegidas.
Por
otra parte, cada alumno tenía la posibilidad de acomodarse
en la clase adecuada para desarrollar mejor sus capacidades. Con
esta posibilidad de promoción del alumno, fue innecesario
el examen final (12).
Con el predominio de los métodos activos destinados a obtener
una educación práctica y próxima a las necesidades
de la vida, se rompía con el procedimiento de dar al alumno
el principio, la definición (13),
la verdad aseverada, para que fuera él quien llegara a su
descubrimiento mediante la investigación.
El
amor a la Naturaleza y la enseñanza viva y real primó
el fomento de las excursiones al campo, juegos al aire libre, deportes,
las visitas a museos, fábricas, talleres, etc. Su apertura
a Europa realizada mediante un plan de intercambios escolares.
En
su plan de estudios no figuraba la religión, respetando la
conciencia individual, fruto de una personal reflexión y
decisión, y de un ambiente familiar determinado, y en el
que procuró siempre no inmiscuirse (14),
debería dar como resultado un nuevo tipo de alumno acostumbrado
a convivir en una posible pluralidad religiosa.
Los
primeros conatos de crisis llegaron también para el Instituto-Escuela
durante los años de la Dictadura; con la discusión
de la reforma de la enseñanza en la que se debatía
la equiparación de los centros de segunda enseñanza,
se desató una campaña de descrédito contra
él. El Sol dio siempre su apoyo entusiasta mediante su especialista
en temas pedagógicos, Lorenzo Luzuriaga, quien con motivo
de la polémica escribía:
"Recibido el Instituto-Escuela con el aplauso unánime
de la opinión competente e imparcial, sólo los elementos
interesados en que la Segunda Enseñanza pública de
España permanezca estancada, han hecho de aquél un
motivo para la propaganda de sus ideas reaccionarias y disolventes"
(15).
El
centro siguió existiendo, pero la crisis se hizo notar. El
Gobierno Berenguer dio forma legal definitiva a la designación
de profesores. Se confirmaba a los profesores que habían
enseñado hasta entonces, y se acordó que la Junta
para Ampliación de Estudios buscara profesores que, tras
tres años de prueba serían propuestos definitivamente.
Este nombramiento de profesores con carácter vitalicio e
inamovible suponía un gran mal para una empresa experimental.
Otra
de las consecuencias negativas para un centro elitista fue la ausencia
de una severa selección de alumnos, muchos de los cuales,
o mejor sus padres, sólo deseaban alcanzar el certificado
final por un sistema que ellos habían entendido mal, en cuanto
a la ausencia de exámenes. La escuela creció a mayor
velocidad de lo deseable, y creó problemas tanto para una
enseñanza más directa como en el campo económico.
Las dificultades económicas, no sólo debidas a la
crisis de 1929, tuvieron su primera consecuencia en la disminución
de los salarios para los profesores, que se vieron inclinados a
buscar otras ocupaciones; la secuela del pluriempleo repercutió
parcialmente en el empuje inicial que el centro se había
planteado, lo que frustró su inicio como laboratorio experimental
de educación y como seminario para futuros profesores (16).
En consecuencia, quedaron reducidas la diferenciación y la
variedad. Otras razones como la extensión precipitada de
esa experiencia a otros centros oficiales que adoptaron la misma
designación de "Instituto-Escuela" no dejó
de dañar el buen nombre (17)
de la empresa puesta en marcha por la Junta de Ampliación
de Estudios.
Durante
la II República, corrieron aires más felices (18),
hasta que en 1936 llegó el momento de su clausura.
AunquE
la experiencia quiso tener su continuidad en el Colegio Estudio
en Madrid, donde permanecieron muchos de los protagonistas del Instituto-Escuela,
sus repercusiones alcanzaron sólo al ámbito de los
tradicionales núcleos institucionistas.
La
aconfesionalidad.
Esta
aconfesionalidad, producto de su extremada tolerancia, y consecuente
a los principios liberales de la enseñanza, desató
el recelo de la derecha católica, que llevó a cabo
toda una campaña de desprestigio sobre todo el esfuerzo de
la ILE, alegando cómodos recursos sobre logias y sectas,
pasividad de las autoridades y olvido de las tradiciones patrias.
No
debe entenderse que el "institucionismo" sufría
una manía persecutoria. Las fuerzas conservadoras coetáneas
a la iniciativa institucionista, ya habían marcado precedentes
con sus críticas a toda iniciativa basada en la libertad
de enseñanza y a los centros y medios de transmisión
de estas iniciativas culturales. Un ejemplo claro para la región
extremeña viene representado por el discurso tradicional
del escritor, bibliófilo y cronista de Extremadura Don Vicente
Barrantes (19). Cuando
escribe su discurso de recepción en la Real Academia de la
Lengua, el 25 de marzo de 1876, dedicado a criticar el krausismo,
ya tenía Barrantes un bagaje de ataques a todo tipo de institución
liberal o ilustrada. Habían sido centro de sus dardos tanto
la Universidad libre de Cáceres, establecida en 1822, como
el discurso de la Universidad libre de Cáceres en 1869. La
crítica a estas universidades libres, se asociaba al rechazo
de la extensión universal de la educación "...
va contra la ley natural el empeño de hacer sabio a todo
el mundo", y a la idea de corrupción de nuestras tradiciones
religiosas, pues al introducir el ideal de libertad "se proclama
la instrucción universal y libre, para que, sea laica y enemiga
del catolicismo" (20).
Todo ello con la patente urgencia de atacar las ideas que estaban
reemplazando la religión revelada por la religión
natural.
Aún
es más, Barrantes llevó a cabo una rotunda descalificación
de la Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz,
la más importante de estas instituciones en Extremadura.
El discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, y dedicado
a criticar al krausismo permite, más allá del examen
de su contenido, dejar constancia de sus recursos críticos:
-Utilización de un lenguaje barroco, mediante el uso de imágenes
sensibleras para provocar la conmoción en el oyente o lector;
retórica que ya, en el último tercio del XIX, estaba
agotada.
-Ausencia total de argumentos racionales y diversos para llevar
a cabo su crítica, por lo que reduce su discurso al simple
escarnio de todo cuanto no fuera simple, reiterativo y unidimensional.
Utilizaba el improperio y la descalificación para todo cuanto
alterase el apacible transcurrir de lo establecido.
Recursos
que nos permiten descubrir, junto con el, contenido del discurso,
el más profundo inmovilismo.
Este
tipo de críticas, por tanto, se mantuvieron constantes, a
lo largo del tiempo.
Las
fuerzas más conservadoras se alarmaban de la influencia del
espíritu institucionista en la educación, por lo que
intentaron descalificarla con argumentos como éste que aparece
en El Debate:
"Se
han ido asentando en el Ministerio de Instrucción Pública,
toda una colección de masones y marxistas que ni aún
ahora abandonan su mejor trinchera, y que en alianza más
o menos encubierta con una conocida organización, culpable
de toda la desnacionalización de nuestra cultura, prosiguen
con la inconsciencia o la complicidad de autoridades tímidas
o indecisas, o ligadas por compromisos a esa misma Institución,
la tarea negativa o auténticamente revolucionaria" (21).
Parece
que el colaborador de El Debate se haya inspirado en el discurso
de cualquiera de los que como Barrantes, ya en 1876, lanzaba los
mismos argumentos acusatorios. En más de cincuenta años,
no han variado ni los miedos ni los argumentos.
Porque
el problema de la confesionalidad de la enseñanza no puede
desligarse del tema del poder.
Los
postulados sobre la libertad de la ciencia y su adquisición
desde el libre examen, en contra de todo dogmatismo; la tolerancia
y el respeto mutuo, significaban en las condiciones históricas
concretas de la España del primer cuarto del S. XX, una ofensiva
al sistema ideológico basado en el dogma y, sobre todo en
un catolicismo impregnado aún de signos barrocos que parecía
iniciar una nueva contrarreforma con la consagración de España
(22) al Sagrado Corazón
de Jesús en 1919. Y sobre todo, al constituirse los postulados
de los institucionistas, a lo largo de su existencia, en un estilo
de vida, y no sólo en una forma de pensar, habían
conseguido, al menos para una minoría, una totalidad educativa,
que no había alcanzado el catolicismo.
La
libertad religiosa fue el caballo de batalla de las críticas
hacia la iniciativa cultural institucionista, y que sólo
un siglo después, el Concilio Vaticano II vino a reconocer.
Los
intelectuales del Instituto-Escuela.
Los
juicios posteriores sobre el centro han sido diversos, pero sobre
todo poco rigurosos.
En
el centro convivieron las más diversas tendencias políticas:
republicanos y monárquicos; radicales y socialistas. Sin
embargo, algunos, al aparecer un artículo del profesor Botella
Llusiá (23) con
motivo del Cincuentenario, les tacharon de colaboracionistas. En
contraposición, otras partes les han juzgado como partido
revolucionario de oposición. Quienes lo hicieron, desconocían
sus diferencias; y ninguna de las partes parece haber -examinado
lo variado de las actuaciones de las personas pertenecientes al
Instituto, entre las que se encuentran las más variadas como
la de D. Francisco Barnés, profesor de Geografía e
Historia, que fue ministro de Educación durante la II República
y exiliado en Argelia al finalizar la guerra; pero también
la de D. Miguel Herrero García, profesor de Latín,
redactor de El Debate, y más tarde depurador de catedráticos;
o D. Antonio Magariños, profesor de Latín y perteneciente
a la C.E.D.A; y Castillejo, de postura apolítica y mentalidad
liberal, que fue profesor para los aspirantes a profesores.
Lo
mismo ocurría con los alumnos. En la ILE se formaron los
hermanos Largo Caballero, D. Álvaro D'Ors, famoso romanista
en Pamplona, o D. Mauro Rubio, Obispo de Salamanca en los años
setenta, y el dominico Rafael Moya Reñe, o Gonzalo Menéndez
Pidal, académico de la Historia. Incluso, entre quienes marcharon
fuera como D. Nicolás Cabrera, hijo del científico
Blas Cabrera, y numerosos nombres conocidos: Germán Somolinos,
Juan Medinaveitia, Ovidio Botela o el historiador de América,
Castedo. También dos embajadores: Jaime Alba y Emilio Garrigues,
se encuentran entre
los ex alumnos. Y no se pueden excluir nombres como el de Miguel
Ángel Catalán, por su aportación como descubridor
de los "multipletes" dentro del avance científico
de la nueva teoría atómica (24),
o Samuel Gili Gaya, por sus aportaciones a la Lengua, o el de Manuel
de Terán, en el campo de la Geografía y la Pedagogía.
La
lista y variedad rebosarían nuestro espacio e intención;
el escueto recuento tiene como única función mostrar
cómo la libertad religiosa e ideológica practicada
en el centro permitió la variedad de los derroteros ideológicos
y políticos.
Las
propias características del centro, expresadas con apasionamiento
por Díez Canedo (25),
hacen poco comprensible el miedo de algunos sectores a iniciativas
culturales semejantes.
La
más clara pervivencia, ya que no institucional, excepto el
ya mencionado Colegio Estudio, reside en el número de personas,
cada vez más reducido por la erosión del tiempo, dispersos
aún por diversos puntos de la geografía que han mantenido
su común espíritu y que han transmitido la idealidad
de ese empeño reasumida en su propia trayectoria personal.
Quedan también una serie de procedimientos, instituciones
y muchas de las novedades que en el Instituto Escuela se introdujeron,
y que hoy ya no lo son, pero que allí se ensayaron por primera
vez y que parece han sido imitados o heredados, quizás tomados
de las páginas de las Memorias de la Junta para Ampliación
de Estudios.
Y
dejaron algo más difícil de medir que, como afirma
Laín Entralgo (26),
"su dificultad radica en que será medible en tanto en
cuanto lleguemos a cubrir la gran deuda que con esta institución
tenemos contraída. Cuádruple deuda: Deuda ética,
estética, pedagógica y cultural".
¿Pervivió
el institucionismo en Extremadura?
Si
conocemos con amplitud e intensidad un foco de irradiación
fuerte del krausismo en Badajoz, gracias al valioso trabajo de investigación
de Pecellín (27),
su iniciativa no ha sido continuada, de forma que, excepto actividades
aisladas como la creación de alguna colonia escolar, o la
llegada ocasional de las Misiones Pedagógicas, u otras con
mayor permanencia como la Fundación Cultural Concha, apenas
podemos trazar la continuidad
de los krausistas pacenses.
La
Fundación Cultural Concha (28),
fundación pedagógica creada por testamento de D. Antonio
Concha Cano, hombre vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.
Fundación que contó con parte de sus bienes y los
fondos de su biblioteca particular -unos 4.000 volúmenes,
origen de la escuela biblioteca que lleva su nombre y que fue modelo
de vanguardia pedagógica y cultural entre 1885-1936, años
de máximo esplendor. La guerra civil española interrumpe
y trastoca el espíritu de la Fundación. Hoy, se reconvierte
en centro de investigación pedagógica y, biblioteca.
Sin
embargo, la obra pionera de Pecellín y la iniciativa de este
Congreso, animan a proseguir la búsqueda, mediante la que
podamos medir, la realidad de los círculos de influencia
del institucionismo, tanto geográficos, como sociales, culturales
y políticos.
De
otra parte, los estudios llevados a cabo en los últimos veinte
años sobre diferentes aspectos de la historia y la cultura
extremeña (29),
permiten contar con unas bases firmes para avanzar en ese terreno.
Tenemos,
además, muchas premisas confirmadas:
El
"institucionismo" fue esencialmente un fenómeno
urbano, burgués, en el sentido socio-económico del
término, pues como afirma Tuñón, "la influencia
institucionistas cada vez mayor, pero forzosamente es muy diluida,
pues a los organismos institucionistas no pueden llegar, salvo excepciones,
hombres de extracción popular, sino los hijos de la "burguesía
ilustrada" o de clases medias de profesión intelectual,
sobre todo de las zonas urbanas. No debe olvidarse que el institucionismo
es reformista (30),
de un reformismo educacional. Ni por su base social, ni por su contexto
político, ni por la práctica de sus ideas confrontadas
en lo español de su tiempo, el krausismo-institucionismo
no podía superar el estadio de lo minoritario, lo elitista".
Lo que no desluce en nada su empeño, sino que lo sitúa
social e históricamente.
Y
si hacemos un recorrido por la procedencia socioeconómica
de los primeros krausistas pacenses, accionistas fundadores de la
ILE, podemos confirmarlo con más detalle. Sirvan como ejemplo
la reseña de algunos nombres (31):
los hermanos González Serrano, de Navalmoral, eran farmacéutico
y catedrático de Instituto, respectivamente. Antonio Guillén
Flores era médico y gran propietario. Antonio Malo de Molina,
abogado y gran propietario. El Marqués de Santa Marta, también
abogado y gran propietario....
Pero
además, mayoritariamente estuvieron vinculados a tendencias
políticas progresistas. Podemos observar cómo muchos
de los extremeños accionistas fundadores de la ILE, estaban
vinculados con el republicanismo (32):
Antonio Malo de Molina, El Marqués de Santa Marta, Antonio
Guillén Flores, Rubén Landa....
Esta
triple dimensión nos permitirá -mediante la superposición
de mapas en que se reflejen la estructura socio-económica
de la región (no tanto del reparto de la propiedad agrícola,
sino de centros- con importancia comercial o industrial, zonas de
mayor intercambio económico, o de mayor posibilidad de inversión
de las rentas procedentes del sector primario, etc), mapas político-electorales
y mapas culturales, (ciudades que contaban con institutos, Escuelas
Normales, Sociedades de Amigos del País, u otro tipo de centro
ilustrado que permitiera la existencia de un núcleo cultural
importante)- delimitar una franja geográfica clara donde
la influencia institucionista podía cuajar, y la exclusión
de zonas en las que por la influencia de otras ideologías,
-el caso de Coria por la influencia clerical; pero podría
ser por influjo del anarquismo, o del socialismo-quedarán
excluidas del influjo reformista. A la vez que mediante este procedimiento,
podrían señalarse las grandes diferencias regionales.
De otra parte es imprescindible, más allá de la institucionalización,
reconocer la importancia de las personalidades individuales, pues
si el principal medio de transmisión del espíritu
institucionista es el contacto de los estudiantes enviados a Madrid,
que entran de una u otra forma en contacto con la ILE, y expanden
a su regreso a la región sus principales concepciones, aprovechando
la prensa interesada en alentar sus iniciativas o sus concepciones,
el verdadero germen del espíritu institucionista se mantiene
y se transmite como estilo de vida entre familias "institucionistas",
de tal forma que el estudioso se encontrará, en muchas ocasiones,
con la necesidad de trazar sagas familiares.
Y, lo que es esencial, es medir la impronta que estas personalidades
han dejado, a veces en el mayor de los silencios, en quienes con
ellos, han vivido.
Para
llevar a cabo esta labor que nos permita responder al interrogante
inicial, quizás lo más importante sea encontrar quien,
en una sociedad como la actual, en que los cambios en la jerarquía
de valores han tomado un giro tan opuesto a los de los "institucionistas",
se encuentre interesada por éstos.
Y
en una sociedad (33)
ligth, con hegemonía de lo mediocre, en la que todo vale
y nada se aprecia; con preeminencia del "nuevo rico" y
del "arribista" que valora el tener más que el
ser, y carece de principios para conseguirlo; en la sociedad del
dinero de plástico,
que fomenta su propio consumo; de la imagen y el "diseño",
es decir de la apariencia y lo superfluo, y por tanto vacía
de- ética y de austeridad; más interesada por la productividad
de lo tecnológico que por la investigación sobre las
causas, no tiene cabida el ideal educativo humanista: "Ser,
saber y saber ser".
1
MERINERO MARTÍN, Mª J.: "Contemporaneidad
del Instituto-Escuela" en Norba IV; Revista de Arte, Geografía
e Historia, Cáceres, Facultad Fª. y Letras, 1983, pp.
417-425.
2
Pueden consultarse las obras ya clásicas de CACHO VlÚ,
V.: La Institución Libre de Enseñanza. Madrid, Rialp,
1964; JIMÉNEZ LANDI, A.: La Institución Libre de Enseñanza.
Barcelona, Taurus, 1973; JIMÉNEZ, A.: Historia de la Universidad
española. Madrid, Alianza 1971; JIMÉNEZ FRAUD, A.:
La residencia de estudiantes, Barcelona, Ariel, 1972.
3 No se puede obviar la consulta a la obra
de TUÑÓN DE LARA, M.: Medio siglo de cultura española.
(1885-1936). Madrid, Tecnos, 1971; pp. 37-42.
4
PÉREZ GALAN, M.: La enseñanza
en la Segunda República. Madrid, Edicusa. 1975; y TUÑON
DE LARA, M.: La España del S. XX. París, Librería
Española, 1973; p. 101.
5
COSSÍO, M.B.: "Problemas actuales de la educación
nacional" en El Liberal, Madrid, 21 de febrero de 1913. Coincidente
con el contenido del discurso de entrada en la Real Academia de
Ciencias Morales y Políticas sobre Problemas urgentes de
la Primera enseñanza en España, pronunciado por el
Director General de Enseñanza Primaria en 1911, Rafael Altamira.
6
CASTILLEJO, J.: Wars of ideas in Spain. London, John Murray, 1937:
p.122.
7
COSSÍO, M.B.: Art.cit.
8
TERÁN ÁLVAREZ, M.: "Los antecedentes de la Universidad
española del S. XX" en La Universidad española.
Madrid, Ciencia Nueva, 1969.
9
XIRAU, J.: Manuel B. Cossío y la educación en España.
Barcelona. Ariel, 1969.
10
LUZURIAGA, L.: Documentos para la historia escolar de España,
Madrid, Publ. del Centro de Estudios Históricos. 1916-17.
Los institucionistas siempre encontraron apoyo en los trabajos que
en plano pedagógico, Luzuriaga llevaba a cabo.
11
SOMOLINOS, G.: "El Instituto-Escuela" en B.I.L.E., junio
1961 y SUBIRÁ, J. : "La Junta para Ampliación
de Estudios" en Nuestro Tiempo, Madrid, enero, abril, mayo,
1924.
12
CASTILLEJO, J. : Op. cit.: pp. l25-127.
13
A ellos responden las experiencias llevadas a cabo por CATALÁN,
M. A. y LEÓN, A. quienes, con un método revolucionario
e imaginativo, conducían al alumno a que fuese él
mismo quien llegara al descubrimiento y formulación de los
principios fundamentales de la ciencia. cit. por SOLANA, J.: "Protagonismo
de la Ciencia" en Revista de Occidente, n° 7-8, Ext. 1,
1981; pp. 165-1690
14
CACHO VIÚ, V.: "En el cincuentenario del Instituto Escuela",
en B.I.LE. 1968; y Sánchez Arbós, Mª; "Respeto
al niño" en B.I.L.E. 1931.
15
LUZURIAGA, L: "El Instituto-Escuela de Segunda Enseñanza"
en El Sol, 26 de julio de 1928.
16
CASTILLEJO, J.; Op, cit; pp. 128-129.
17
CACHO VIÚ, V. Art. cit. Los centros se crearon en Barcelona,
Valencia, Sevilla...
18
Para una consulta más detallada, en la que ahora no entraremos,
MERINERO MARTÍN, Mª
J.: El Instituto-Escuela durante la II. República. Tesina
de Licenciatura (inédita) - Universidad Complutense. Madrid,
1971.
19
Un examen monográfico de su percepción de la realidad
puede encontrarse en MERINERO MARTIN, Mª J. Y SÁNCHEZ
MARROYO, F.: "Componentes filosóficos y elementos socio-políticos
del discurso tradicional en la obra de Vicente Barrantes : una percepción
conservadora de la realidad nacional" en Estudios sobre la
derecha española contemporánea, Madrid, UNED, 1993,
pp. 31 - 61.
20
MERINERO, Mª J. Y SÁNCHEZ MARROYO, F.: Op. cit.; pp.37-41.
21
"La propaganda revolucionaria" en El Debate, 8 de noviembre
de 1934.
22
No pueden olvidarse las circunstancias históricas de estos
momentos. España permanecía inmersa en las consecuencias
de la crisis de 1917; el recrudecimiento de los regionalismos en
España y el aumento del número de huelgas en 1919.
En el terreno de los acontecimientos internacionales: la conversión
de la guerra europea en mundial por la intervención de EE.UU;
la repercusión de la revolución rusa, la aparición
de la Sociedad de las Naciones, etc, debieron alarmar a algunas
mentes.
23
BOTELLA LLUSIÁ, l.: "Cincuentenario del Instituto-Escuela"
en ABC, 2 de julio de 1968.
24
SOLANA, J.: "Protagonismo de la ciencia" en Revista de
Occidente, n° 7-8, Ext. I, 1981; pp. 165-169.
25
DÍEZ CANEDO, E.: "Cualidades negativas y defectos positivos
del Instituto-Escuela" en B.I.L.E. (s.f. debido al mal estado
físico del boletín), expresa así esas características:
"...exacerbado sentido de la justicia, ausencia de cerrilismo,
exhibicionofobia, claustrofilia, antipedanteria, y unos conocimientos
científicos, literarios y artísticos de rigor. Podría
augurarse que, en tal ambiente de equidad, justicia, respeto y valor
intelectual, podría llegarse al individuo capaz de convivir
sin violencia con sus semejantes en un país que, sólo
por eso, sería feliz, y desde ahí, empezaría
a ser avanzado".
26
LAÍN ENTRALGO, P: "La educación y la escuela
en España". Prólogo a la obra de Y. Turín.:
La educación y la escuela en España de 1874 a 1901.
Liberalismo y tradición. Madrid, Ed. Aguilar, 1967.
27
PECELLÍN LANCHARRO, M.: El krausismo en Badajoz: Tomás
Romero de Castilla. Cáceres, Serv. Publ. Universidad de Extremadura
/ Editora Regional, 1987.
28
DOMÍNGUEZ, E.: en Gran Enciclopedia. Mérida, Edex,
1991, Vol. V, p. 75.
29
No haré una relación de obras referentes a ella pues
constituiría todo un trabajo sobre la historiografía
extremeña que rebasaría la intención y límites
de este trabajo. Pero se cuentan con buenos estudios socio-económicos,
políticos, estudios sobre élites, sobre literatura,
pensamiento, etc.
30
TUÑÓN DE LARA, M.: Medio siglo de cultura española.
Op, Cit.
31
Tornadas de PECELLÍN, M.: El krausismo en Badajoz. Op, Cit.;
pp. 73 y ss.
32
MERINERO MARÍN, M" J.: "Elites parlamentarias durante
el Sexenio democrático" en Historia de Extremadura.
T. IV. Los tiempos actuales. Badajoz, Universitas Editorial, 1985,
pp. 905-911.
33
Para una caracterización sociológica de la sociedad
española actual, CASTILLO CASTILLO, J.: "Consumo y bienestar"
en España a debate. II. La sociedad, Madrid, Tecnos, 1991.
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