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JOAQUÍN SAMA
Victorino Mayoral Cortés

El 31 de Enero de 1895 -hace prácticamente cien años- el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza publicaba bajo el simple título "Sama" una nota de urgencia que decía: "la Institución ha perdido a este incomparable y animoso obrero. Su muerte, por sí sola habría sido siempre una crisis profunda para nuestra obra y para la educación nacional...".

Hubiera sido una injusticia y una torpeza dejar pasar en el olvido el centenario de la muerte de este extremeño excepcional, serio, profundo, moral y consecuente, pedagogo y profesor ejemplar. Bebió Sama en las fuentes de la filosofía krausista. Fue uno de los actores más importantes en la primera etapa de la Institución Libre de Enseñanza, a cuya obra fue invitado a colaborar por D. Francisco Giner de los Ríos y juntamente con él, contribuyó a elaborar el ideario pedagógico de la Institución. Bien se puede decir que sus vidas fueron paralelas en muchos aspectos, desde la fecha de su nacimiento hasta la experiencia generacional que para ellos significó la revolución de 1868 y el fracaso de sus propuestas políticas de reforma, como consecuencia del triunfo de la reacción conservadora monárquica dirigida por Cánovas del Castillo, en medio del desierto cultural económico y político que era la España de entonces y que les impulsó a iniciar una tarea de regeneración nacional desde la base, es decir, desde la escuela, a partir del pequeño círculo e intenso laboratorio educativo de la Institución.

Sama fue, pues, un reformista perteneciente a la inteligente y generosa, aunque minoritaria, corriente de pensadores progresistas de nuestra historia, que desde la Ilustración concibieron la Enseñanza como el principal instrumento de transformación social. Pero su idealismo y afán de perfeccionamiento humano y social no le llevaron a situarse en el aislamiento y lejanía del laboratorio de ideas y propuestas, ni en la torre de marfil de los intelectuales elegidos. Sama quiso siempre situar su pensamiento pedagógico y político sobre la realidad de las cosas y los hechos sociales. Fue uno de los protagonistas de la Institución Libre de Enseñanza más preocupados por la situación social de la España de entonces. Tal vez por ello recibió el encargo de elaborar el Informe de la Institución Libre de Enseñanza a la Comisión de Reformas Sociales, creada en 1883 y dedicó una gran parte de su obra escrita a temas como la educación social, la escuela de artes y oficios para hijos de obreros, la educación de adultos y, con mayor énfasis, a la situación de la clase obrera, profundizando en la relación que él entendía existente entre el estado de la educación primaria, las universidades y escuelas superiores, la educación del soldado, la formación en las escuelas religiosas, los partidos políticos, los asilos de huérfanos, los hospitales, las cárceles, etc. y la realidad que ofrecían las clases obreras. Para Sama la situación de los obreros españoles de entonces era de las peores de Europa. En la mayor parte del país carecían de todo lo necesario para la mera subsistencia material. El panorama, como decía, era el de "unas Hurdes que se extienden por toda España", en el que "padres e hijos necesitan libertarse de la ignorancia, origen de su miseria, y la miseria misma les impide aprender lo necesario. Y helos aquí en un verdadero círculo de hierro, de donde no pueden salir, creemos nosotros, si no mediante el esfuerzo del resto de la sociedad".

La talla moral, la ambición social y la valentía de las propuestas pedagógicas de Sama frente a la situación de la España de entonces y la inmensa obra que prácticamente desde cero pretendían abordar los institucionistas, sólo podemos atisbarla teniendo en cuenta los datos que el mismo Sama aporta en sus escritos sobre la situación de la clase obrera. De los 16.634.345 habitantes que España tenía en 1886, no sabían leer ni escribir 11.978.168 ciudadanos, un 75% del total. De los 2.183.623 niños entre 3 y 9 años que, según la Ley Moyanos de 1857, deberían estar escolarizados, sólo asistían a la escuela primaria 1.220.805, es decir la mitad, pero aún así esa mitad estaba poco tiempo y no eran puntuales más que cuatro quintas partes. Esto ocurría, según Sama, porque "o no han comido, o no están vestidos, o porque se hallan dedicados a ocupaciones que sirven para su manutención y la de sus padres". La mitad de los niños de España quedaban sin instrucción y eran "para mayor desgracia, los hijos de las clases más pobres".

Pero la educación que se daba entonces, no sólo era insuficiente sino además extraordinariamente deficiente. Para Sama, los vicios de la educación nacional eran el excesivo intelectualismo, la influencia del formalismo escolástico, el exclusivo uso de la palabra del maestro y de textos áridos, el alejamiento de la realidad y de la vida. En suma, una educación no educadora que "ni despierta el alma, ni fortalece el cuerpo, ni forma hombres hábiles para luchar con las vicisitudes de la vida".El cuadro tenebroso de la situación de la educación en España se cerraba con la descripción de los infectos y ruinosos locales de las escuelas, las carencias de material pedagógico y la situación de desmoralización de los maestros, cuyo paradigma, no sabemos si excesivamente grotesco, sería en la escuela rural el maestro de Sargentes de Lora, que describe el Padre Manjón que fuera su alumno, en su obra Cosas de antaño: "Como la dotación era escasa, el Señor Maestro reunía varios cargos y oficios, con los cuales medio vivía, pues era Maestro de Escuela, Sacristán, Cantor; Campanero, Relojero, Barbero, Carpintero, Cazador, Pescador, Secretario, Amanuense y lector de familias y soldados, y el factótum del pueblo, todo con letras mayúsculas y minúsculas retribuciones".

Hombres como Sama merecen no sólo un homenaje y celebración de su centenario que nos sirvan como recuerdo. En la Consejería de Educación y Juventud de la Junta de Extremadura hemos considerado necesario la celebración de un congreso sobre su figura, porque resulta necesario profundizar en su vida, su obra y las circunstancias en las que se desarrollaron. Eso es lo que comenzamos, con la pretensión de seguir en el tiempo indagando sobre su vida ejemplar y su pedagogía avanzada. Este congreso sobre Joaquín Sama y la Institución Libre de Enseñanza pretende rescatar su figura de un olvido injusto, recuperar su legado pedagógico, evidenciar la actualidad de su pensamiento y soluciones didácticas, presentar a Sama como modelo de profesor a los educadores actuales y estudiar la Institución Libre de Enseñanza y su influencia en Extremadura.

Valorar la actualidad de sus ideas no es un mero ejercicio de retórica. Con la recuperación de Sama, entendemos, se comienza a completar la tarea de recuperación del ideario pedagógico institucionista que comenzó a influir sobre la educación española a finales del siglo XIX, culminó en la Segunda República y, tras cuarenta años de persecución y oscurantismo, comenzó a fluir de nuevo y a surgir a la superficie como un Guadiana en la transición política a la nueva democracia, recogiendo el legado nuevas generaciones de educadores progresistas que han querido y podido, con el apoyo del pueblo, dejarlo plasmado en las leyes (LODE, LOGSE) y en la práctica generalizada que aplica la nueva reforma educativa.

Pero el programa pedagógico de Sama no lo puede contener sólo la ley, ni se agota en el espacio temporal de una reforma. Es el espíritu de una nueva manera de educar hombres libres, acorde con el modo de vida moderna y democrática, es una concepción humanista de la educación que define un profundo proyecto educativo que requiere aún mucho esfuerzo y persistencia para completarse. Todavía debemos esforzamos en el logro de un modelo de profesor dotado de elevada cultura, entusiasmo y moralidad, en la consecución de un modelo de educación integral que tome por entero al alumno y de una relación maestro-discípulo personal que salve la espontaneidad del alumno y la prevalencia de la educación sobre la instrucción.

Es preciso seguir insistiendo sobre la importancia de la educación en la primera infancia; sobre la forma o método de enseñar, pues como decía Sama "debe proscribirse en absoluto la explicación, el discurso seguido y dogmático, sustituyéndolo por la conversación familiar y dialogada"; y sobre la conveniencia de realizar la Enseñanza de una manera viva y concreta, en medio de la vida. ¿Y qué decir de la idea del aprendizaje activo, protagonizado por el alumno, y del destronamiento del libro de texto?

Las actividades extraescolares, las excursiones y visitas, como excelente complemento para el conocimiento activo y el afianzamiento de la relación profesor-alumno; las relaciones de los centros con las familias de los alumnos, las escuelas de padres; la eliminación de un sistema represivo y corruptor de premios y castigos; el cuidado que es necesario prestar al material pedagógico y al edificio escolar; el establecimiento de una ratio profesor-alumno, "un profesor para cada 30 alumnos", dijo hace ya un siglo Joaquín Sama. Son todas ellas cuestiones de enorme actualidad.

Pero aún, no hemos terminado de expresar algunas de las ideas de mayor importancia y actualidad en el pensamiento y la práctica pedagógica de Sama. No podemos omitir su valoración acerca de la trascendencia de la educación social, la idea de una sociedad educadora y lo ineficaces que pueden llegar a ser los esfuerzos de las escuelas actuando en solitario frente a los prejuicios y costumbres sociales. Sama defendió la enseñanza mixta de ambos sexos y denunció los factores de discriminación que esterilizaban la dimensión humana, familiar y social de las mujeres. Tenía una idea absolutamente moderna, y olvidada durante muchos años en el presente siglo, de la educación de adultos y de los métodos a utilizar con ellos, relacionándolos con la práctica de un oficio o la afición real del educando. Por último sostuvo una postura de anticipación sobre las funciones que debe cumplir la formación profesional y ocupacional (en su tiempo escuelas de artes y oficios para hijos de clase trabajadora) para conseguir buenos profesionales, abrir posibilidades de adaptación y paso de un oficio a otro, como garantía frente al desempleo, para lo que propugnó la continuidad y la imbricación entre la educación básica y la formación profesional y la elaboración de planes de estudios para que los alumnos pudiesen adquirir las técnicas aplicables a los oficios y el conocimiento de aquella parte de cada asignatura que tuviese una aplicación inmediata.

Fue en el número del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza publicado el 28 de Febrero de 1895 en el que, además del último escrito de Sama titulado "Nuestros alumnos en Portugal", se recogía la semblanza de este admirable extremeño, sus datos biográficos, trayectoria profesional, ideas pedagógicas, sacrificios, etc. De esta semblanza recogemos esto que consideramos más humano y significativo: "Pero lo más valioso, lo más alto e inapreciable, eso anda por ahí desparramado en tantas promociones de alumnos suyos, que se han ido llevando, no dosis más o menos grandes de saber positivo, sino cosas muy íntimas, sentimientos de rectitud para la vida, libertad de pensamiento, amor a la verdad, inclinaciones sanas y tendencias instintivas para considerar la vida más noblemente". Como se dice en el mismo Boletín, la muerte de Sama dejó a su familia en una situación material que reclamaba el auxilio de la Institución, "a cuya obra había aquél consagrado, no solo sus fuerzas y su pequeño patrimonio, sino el de los suyos". Por ello hubo de abrirse una suscripción de apoyo económico que encabezaba D. Leopoldo Alas, "Clarín", el autor de La Regenta.