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FERNANDO
Miguel Murillo
(El Periódico Extremadura, 27 de Agosto de 2005)
Ayer terminaba el viaje, Fernando. Ayer mismo.
Recorristes muchos kilómetros, París era París,
y había que llegar. Josechu se quedó en al camino,
Paco dicen que llegó, tú seguías. Ayer era
el final y tu llegastes.
 
Mala hora en la que una voz amiga me dijo que habías muerto.
Que Fernando Tomás Pérez González, mi amigo,
mi compañero de las pequeñas filosofías de
niños, ya no estaba. Que el director de nuestra Editora Regional
había fallecido en este veintiseis de agosto desabrido. Mala
hora en la que anuncian las despedidas.
 
El camino era París entonces, el arte siempre, la estética
y la ética como permanencias. El camino era el lugar donde
aposentar tu serenidad, tus tiempos despaciosos y ricos de silencios,
tu ritmo, Fernando. Era el intento de alcanzar el todo, como decía
el maestro Sanz del Río, que krausistas al fin son quienes
se abrazan con Dios desde la senda de la razón. Allí
estás, hermano, allí contemplarás ese absoluto
que te hizo conocerte.
 
Y aquí nos dejas. Agosto es, como siempre, vano, y los aprendices
desesperados (¡cuánto aprendí de tí al
dejar ese sillón de la Editora y ver cómo tú
lo asumías!) por aquí seguimos intentando completar
nuestro viaje. Adiós, Fernando. Adiós a la palabra
que guiaba otoños, que firmaba elegancias, que sugería
reflexiones y publicaba aciertos. Adiós a una época
en la que valía la espera y los silencios se pesaban en paños
de oro.
 
Y mi abrazo emocionado...
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