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De Mercedes Pulido

 

 

 

IN MEMORIAM FERNANDO T. PEREZ GONZALEZ
Diego Núñez
(Publicado en la Revista de Hispanismo Filosófico en 2006)

Fernando Tomás Pérez González falleció el día 26 de Agosto de 2005 en Cáceres. Había nacido en la ciudad de Badajoz el 16 de Septiembre de 1953 en el seno de una familia en la que las tareas agrícolas se mezclaban a partes iguales con los intereses culturales. Sus primeros pasos en el mundo de las letras los daría de la mano de su padre, maestro y escritor, que ejercía por entonces en Santa Marta de los Barros, pueblo originario de su madre y en el que Fernando Tomás pasó su infancia. A la hora de hablar de su vocación intelectual, Fernando reconocía a menudo la deuda contraída con su padre en este aspecto.

Tras cursar en Santa Marta la enseñanza primaria, a los once años se trasladaría a Badajoz para continuar allí sus estudios de Bachillerato; primero en el Colegio de los Hermanos Maristas y posteriormente en el Instituto de Segunda Enseñanza Zurbarán. Más tarde, cursará estudios de historia en Sevilla: este dato es especialmente relevante, porque resulta difícil hacer buenos trabajos en el campo de la historia del pensamiento, si no se tiene una verdadera condición de historiador y una sólida base histórica general. Finalmente, se licenció en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, presentando su memoria de Licenciatura en 1986 bajo la dirección del profesor Antonio Jiménez.

Inició su andadura en la docencia en el año 1979, ejerciendo como profesor de Filosofía en diferentes Institutos de la región extremeña, y también fuera de ella: impartió clases en Mérida, Jerez de los Caballeros, Fregenal de la Sierra, Miajadas, Arroyo de la Luz, Badajoz y, por último, en Cáceres. En 1984 aprobó las oposiciones al cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria, obteniendo poco después la condición de catedrático.

En 1995 fue nombrado director de la Editora Regional de Extremadura, cargo que desempeñó hasta su muerte. Su relación con el mundo del libro y de la edición venía de antiguo: miembro de la directiva de la Unión de Bibliófilos Extremeños y secretario de la Asociación de Escritores Extremeños, había cuidado ya la edición de diversos libros, entre otros, el catálogo de la exposición Los orígenes de la Enseñanza Media en Badajoz, de la que fue comisario, o la obra póstuma de su padre Postales de andar extremeño. En el desempeño de esta actividad, Fernando no ahorró esfuerzos en el terreno personal, a la par que supo rodearse de un pequeño, pero buen equipo de colaboradores (entre los que cabe mencionar a Alvaro Valverde, el actual director), de cara a sacar adelante sus proyectos. Creó un gran número de colecciones (“La Gaveta”, “Estudio”, “Vincapervinca”, “La Biblioteca de Barcarrota”, “Ensayos literarios”), y renovó otras. En ellas, acogió tanto a escritores y ensayistas de reconocido prestigio nacioanl, relacionados con Extremadura, como a autores noveles. Su labor al frente de la Editora Regional ha sido sin duda muy brillante: consiguió que una modesta editorial pública fuese reconocida y estimada en el panorama nacional por su rigor y calidad, de lo que da fe sobradamente su catálogo. Y al lado de esta eficacia, no es menos destacable la honestidad con que llevó a cabo su quehacer. Recuerdo a este respecto una anécdota reveladora: nunca quiso publicar en la ERE, mientras él la dirigía, un trabajo conjunto sobre el extremeño José Segundo Flórez, albacea que fue de Augusto Comte y personaje de sugestivo relieve intelectual, del que poseíamos una abundante documentación.

Esta actividad como editor no le impidió seguir con sus tareas investigadoras, como lo demuestran los artículos publicados en revistas tales como El Basilisco, Trienio o Revista de Estudios Extremeños; sus ediciones de libros ajenos, o sus numerosas participaciones en Jornadas y Congresos. Asimismo, fue comisario, junto con el profesor Juan Gil, de la exposición Extremadura en sus páginas: del papel a la web, en la que estuvo trabajando hasta sus últimos días y en cuyo catálogo tuvo una intervención relevante. De sus obras, aparte de las que referiré más abajo, es preciso señalar La introducción del darwinismo en la Extremadura decimonónica (Cácares, Institución Cultural “El Brocense”, 1987), Tres filósofos en el cajón (Mérida, Editora Regional de Extremadura, colección “La Centena”, 1991) y Juan Alvarez Guerra. Ciencia y Conciencia Agronómica (Mérida, Editora Regional de Extremadura, colección “Cuadernos Populares”, 1995).

Fernando tenía las ideas muy claras a la hora de trabajar en el campo de la historia del pensamiento, tanto desde el punto de vista teórico como metodológico. Investigador serio y riguroso, era un incansable perseguidor del dato preciso, de la fuente insoslayable, al margen de la dificultad de acceso que presentaran; y luego, sabía sacarle con agudeza la rentabilidad analítica adecuada. Mi relación con él como persona y como investigador, fue siempre gratificante. Su afán de curiosidad y conocimiento en la órbita de la historia del pensamiento español eran inagotables. Esta colaboración investigadora se plasmó en tres trabajos concretos: la publicación del libro Genealogía Extremeña de Antonio Machado (Cáceres, Institución Cultural “El Brocense”, 1989), su participación en el Dictionnaire du Darwinisme et de l'Évolution (Paris, PUF, 1996, 3 vols.), dirigido por Patrick Tort y en el que yo tenía a cargo la sección española, y la realización de su Tesis Doctoral sobre José Alvarez Guerra, un reformista extremeño, leída en 1999 en la Universidad Autónoma de Madrid, obteniendo el premio extraordinario en su respectiva convocatoria; tesis próxima a publicarse y que supuso una excelente aportación para el conocimiento de la historia de las ideas en la primera mitad del siglo XIX.

Descanse en paz el amigo y el ejemplar hombre de letras.