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FERNANDO PÉREZ, CACEREÑO DKW
J. R. Alonso de la Torre
(El Periódico EXTREMADURA
el 3 de Septiembre de 2005)
Hace un año y medio me hicieron uno de los encargos que más
me han ilusionado. El escritor Álvaro Valverde me pidió
que le presentara un libro y me encantó hacerlo como me encantan
todas las novedades. Al acabar el acto, fuimos a tomar una cerveza
con un señor delgado que hablaba poco, pero con mucho sentido,
y que me gustó como me suelen gustar casi todas las personas
calladas, quizá porque asocio el silencio con la inteligencia.
Recuerdo que también había por allí otras personas
calladitas como Pilar Galán o Julián Rodríguez.
 
Al cabo de un rato, descubrí que el señor delgado
se llamaba Fernando Pérez y era director de la Editora Regional.
La verdad es que no parecía director de nada, o cuando menos,
no iba de director. Aunque no lo conocía, lo tenía
en alta estima porque me gustaba cómo editaba los libros,
me parecía que no se dajaba llevar por el compadreo y, además,
procuraba que los libros que editaba se vendieran, algo raro en
las editoras institucionales. Hablamos poco, pero yo creo que no
nos caímos mal, porque desde entonces nos saludábamos
sonriendo. Me confesó que él era un auténtico
cacereño DKW. Es decir, no un DTV (de toda la vida), sino
un cacereño de los que llegaban de los pueblos en la furgoneta
DKW y encontraban en Cáceres su ciudad de acogida. Ahora
vuelvo de vacaciones y me entero de que ya no nos podremos saludar
sonriéndonos. A mi me gustaba Fernando Pérez porque
no iba de nada, porque era calladito, porque se ha ido sin ruido
y nos ha dejado el silencio.
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